El futuro es de la tercera edad

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Por Dr. Daniel Cassola

No hay ningún error en el título. El futuro seguramente será de los que hoy jóvenes porque seguramente serán los ancianos más longevos de la historia. Existe una tendencia mundial que también se manifiesta en Argentina, y aparece, por lo menos por ahora, como irreversible. Nos referimos al envejecimiento de la población.

Las causas son principalmente dos. En primer lugar, hay una caída en la tasa de natalidad. Se considera que la tasa de reposición poblacional es de dos hijos por mujer. América Latina todavía se mantiene encima, por poco, de este indicador. En Europa la tendencia ya es a la baja. Mientras que las zonas del mundo cuyas poblaciones más crecen son África y la región sur de Asia.

El segundo factor es la prolongación de la vida gracias a los avances médicos y tecnológicos en general. Como resultado, el Banco Mundial proyecta que la población mayor de 65 años en Argentina pasará del 10 por ciento en 2010 al 20 por ciento en 2050. O sea, que estamos recorriendo ese camino en el que paulatinamente contamos cada vez con más adultos mayores.

Esta realidad provoca una serie de desafíos. En primer lugar hay cada vez más personas dependientes. No es que no se lo hayan ganado, pero queremos decir que tanto los servicios de salud como los sistemas de pensiones y jubilaciones, van a sufrir una presión constante.

En términos económicos, como está planteado hoy el sistema, una proporción menor de población activa tendrá que sostener a una proporción mayor de población pasiva. A su vez, se trata de un sector, que por cuestiones biológicas, necesitará de mayores atenciones. O sea, de mayores recursos.

En estos términos, hay muchas instituciones en el mundo que están pensando al envejecimiento poblacional como un factor de conflicto social. Recapitulemos. Hay menos trabajadores para sostener a más pensionados. A su vez, estos pensionados requieren una mayor cantidad de inversión por lo que también hay menos recursos para el resto de la población.

Hay muchas maneras de abordar el problema y también un número importante de posibles soluciones. Recordemos que vivimos en un país prácticamente deshabitado, por lo que se podrían impulsar políticas pronatalistas o de fomento de la inmigración para revertir esta tendencia.

Por otra parte, para reducir los costos de la atención en la vejez, se deberían impulsar políticas que mejoren la salud de la población y hagan foco en la prevención. Para ello, es necesario formar capital humano que pueda, no solo asistir a la tercera edad, sino también promover hábitos saludables.

Estas son solo algunas ideas generales sobre el problema que constituye el envejecimiento poblacional en nuestro país. Lo que no podemos hacer es, justamente, no hacer nada. La tercera edad requiere una estrategia nacional.

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