El “honorable” Congreso

Por Dr. Daniel Cassola

Todas las palabras tienen un valor, y hay algunas que resultan irremplazables. No es lo mismo decir que algo es bueno, digno o respetable, que decir que es honorable. La honorabilidad parece ser uno de los escalones más elevados a los que podemos llegar, en cuanto a palabras se refiere.

Hay dos acepciones de honorable que nos interesan. En primer lugar, se aplica a la persona que actúa con honradez de modo que es digna de ser respetada. En segundo lugar, se aplica al hecho o a la acción que permite a una persona conservar la dignidad, el respeto y la buena opinión de los demás.

Como todos ustedes saben, el término honorable se utiliza para envestir a las cámaras que componen al Poder Legislativo. Por ejemplo, hablamos de la Honorable Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. O, en el caso que queremos abordar, la Honorable Cámara de Senadores y Diputados de la Nación.

En este último título creemos que la palabra honorable ha sido puesta en jaque por la actualidad. Hay muchos casos que podemos citar, no solo el del degradante espectáculo que en días pasados se vivió con la posibilidad de expulsar o no al ex ministro Julio De Vido.

En el Senado todavía ocupa una banca el ex presidente Carlos Menem, recientemente condenado a siete años de prisión por la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador. Como ejerce su legislatura los fueros lo protegen y no puede ser detenido. Es más, Menem, de 86 años, se presenta en las próximas elecciones para renovar su banca una vez más.

El delito de venta de armas se desprende de una causa aún mayor, considerada por la Justicia como delito de lesa humanidad. Nos referimos a la voladura de un arsenal en Río Tercero en 1995, que provocó la muerte de 7 personas y ocasionó heridas en más de 300. Por distintas volteretas legales este crimen aún está impune.

Si nos centramos en De Vido también hay causas en las que está imputado que no son compatibles con ningún tipo de honorabilidad. Quizás la más lacerante sea la que investiga la tragedia de Once, por la que ya fueron condenados los responsables de la empresa TBA (familia Cirigliano) y los ex funcionarios Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, subordinados de De Vido. En 2012 murieron 51 personas cuando el tren no pudo frenar en la estación de Plaza Miserere. En numerosas oportunidades se ha informado sobre los avances de la causa en torno a De Vido pero finalmente nada ha pasado. Todavía.

¿Puede ser honorable una cámara que alberga semejantes sujetos? Más allá de otras causas y acusaciones, y de cualquier simpatía política, se trata de hombres acusados de ser responsables directos de la muerte de decenas de argentinos. En un caso para encubrir un negociado y, en el otro, por efecto de la desidia más absoluta en los controles, seguramente con algún interés de fondo.

Hoy, más que una honorable cámara, el Congreso parece una guarida.

 

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