El otro daño de la inundación en Bahía Blanca: la crisis de salud mental que golpea a los afectados

Las recientes inundaciones en Bahía Blanca han dejado una profunda huella en la comunidad, no solo por las pérdidas materiales y humanas, sino también por el impacto en la salud física y mental de sus habitantes. Las consecuencias de este desastre natural se manifiestan en múltiples dimensiones, siendo la salud mental una de las más afectadas.

Por Dr. Daniel Cassola

El impacto emocional que deja una inundación es profundo y prolongado. La pérdida de seres queridos, viviendas y bienes materiales genera angustia, estrés y ansiedad en la población. Muchas personas experimentan cuadros de insomnio, depresión y ataques de pánico debido a la incertidumbre sobre el futuro y la dificultad para reconstruir sus vidas. Además, la sensación de desprotección y vulnerabilidad acentúa el miedo y la desconfianza, afectando el bienestar emocional de quienes han vivido la tragedia.

Especialistas en salud mental advierten que la exposición a este tipo de catástrofes puede desencadenar trastornos de estrés postraumático, caracterizados por recuerdos intrusivos, evitación de lugares relacionados con la tragedia y una constante sensación de alerta. Ante esta situación, el acompañamiento psicológico se vuelve crucial para ayudar a las personas a procesar sus emociones y recuperar la estabilidad. Sin embargo, los recursos disponibles no siempre son suficientes para atender la alta demanda de apoyo psicológico, lo que deja a muchas personas sin la ayuda necesaria para sobrellevar el impacto emocional.

Más allá del daño emocional, las consecuencias sanitarias de la inundación son evidentes. Las aguas estancadas y contaminadas crean un entorno propicio para la propagación de enfermedades. Entre las principales afecciones detectadas se encuentran las enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, el zika y la chikungunya, que encuentran en el agua acumulada el ambiente ideal para la reproducción del mosquito Aedes aegypti. También se han reportado casos de leptospirosis, una enfermedad grave causada por una bacteria presente en la orina de ratas, que puede ingresar al organismo a través de heridas o mucosas expuestas al agua contaminada. Esta infección puede generar fiebre alta, dolores musculares intensos, náuseas y, en casos graves, insuficiencia renal o hepática.

Otro de los riesgos sanitarios latentes es el tétanos, causado por la bacteria Clostridium tetani, que se encuentra en el suelo y en objetos contaminados. Cuando una persona con heridas abiertas entra en contacto con el agua sucia, el riesgo de infección aumenta, provocando espasmos musculares severos y posibles complicaciones graves. Asimismo, la hepatitis A, una enfermedad que afecta el hígado y se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados, representa una amenaza seria en contextos de inundación, donde el saneamiento básico se ve comprometido. Además, las enfermedades diarreicas agudas han aumentado considerablemente, ya que el contacto con aguas contaminadas facilita la propagación de infecciones intestinales que pueden derivar en cuadros de deshidratación severa, especialmente en niños y adultos mayores.

Los hospitales de Bahía Blanca han enfrentado serias dificultades para atender la crisis sanitaria. El Hospital Interzonal Dr. José Penna sufrió inundaciones en áreas críticas, lo que obligó a evacuar pacientes y suspender cirugías programadas debido a la falta de electricidad y equipos dañados. La infraestructura hospitalaria se vio severamente afectada, lo que dificultó la prestación de servicios esenciales. Mientras tanto, el Hospital Municipal se integró al comité de emergencia, recibiendo un aumento significativo en la demanda de atención médica, especialmente en áreas como Infectología y Epidemiología, donde se han registrado numerosos casos de enfermedades relacionadas con la contaminación del agua. Ante esta situación, el Ministerio de Salud nacional ha enviado medicamentos y recursos esenciales para reforzar la respuesta sanitaria.

Para mitigar los riesgos y evitar la propagación de enfermedades, es fundamental que la comunidad tome medidas preventivas. El consumo de agua segura es una de las principales recomendaciones, ya sea utilizando agua potable o aplicando métodos de potabilización adecuados. La higiene personal cobra una importancia vital en estos momentos, con el lavado frecuente de manos con agua y jabón para evitar infecciones. Durante las tareas de limpieza, el uso de guantes, botas y mascarillas es indispensable para reducir el riesgo de contacto con sustancias contaminadas. Además, la correcta eliminación de residuos es clave para prevenir la proliferación de agentes infecciosos. También se enfatiza la necesidad de controlar la reproducción de mosquitos, evitando la acumulación de agua estancada en recipientes y espacios abiertos.

La reconstrucción de Bahía Blanca no solo requiere esfuerzos en infraestructura y vivienda, sino también una respuesta efectiva en materia de salud pública. La atención a la salud mental, la prevención de enfermedades y el fortalecimiento del sistema sanitario son aspectos esenciales para garantizar el bienestar de la población en este proceso de recuperación.

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