Hígado graso: una enfermedad silenciosa que puede avanzar hasta la cirrosis si no se detecta a tiempo
Por Redacción Curar con Opinión
La enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD), conocida comúnmente como hígado graso, se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública debido a su alta prevalencia y a que suele desarrollarse sin síntomas durante años. Los especialistas advierten que la detección temprana es fundamental para evitar que evolucione hacia complicaciones graves, como cirrosis o cáncer de hígado.
Se estima que la MASLD afecta a cerca del 30% de la población mundial y que América Latina presenta la mayor prevalencia, alcanzando alrededor del 44,4% de los habitantes. Su aparición está estrechamente vinculada con factores como el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, el sedentarismo y otros trastornos metabólicos.
La enfermedad comienza con la acumulación de grasa en el hígado y, en algunos pacientes, puede progresar hacia una fase inflamatoria denominada esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). Si el proceso inflamatorio persiste, puede producir fibrosis, una cicatrización del tejido hepático que aumenta el riesgo de insuficiencia hepática, hipertensión portal y cáncer.
Uno de los principales desafíos es que las etapas iniciales suelen ser asintomáticas, por lo que muchas personas desconocen que padecen la enfermedad hasta que aparecen daños avanzados. Por este motivo, los especialistas recomiendan realizar controles en personas con factores de riesgo, aun cuando no presenten molestias.
En los últimos años también se ampliaron las herramientas diagnósticas disponibles. Además de los análisis de sangre que permiten identificar marcadores de fibrosis, existen técnicas de ultrasonido capaces de medir la cantidad de grasa y la rigidez del hígado, proporcionando información sobre el grado de daño sin necesidad de recurrir a procedimientos invasivos como la biopsia.
