Hipertensión arterial: casi la mitad de los afectados no sabe que la padece
Por Redacción Curar con Opinión
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hipertensión arterial afecta al 30% de la población adulta y el 46% de las personas hipertensas desconoce su condición. Esta enfermedad, caracterizada por un aumento sostenido de la presión de la sangre sobre las paredes de las arterias, es el factor de riesgo cardiovascular más frecuente y, al no presentar síntomas evidentes, puede pasar desapercibida durante años.
El doctor Alejandro Deviggiano (M.N. 103573), jefe de los Servicios de Cardiología y Chequeo Médico Integral de Diagnóstico Maipú, advierte sobre la importancia de controlar periódicamente la presión arterial. «Sin diagnóstico y sin tratamiento, la hipertensión puede generar complicaciones graves como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia renal, que en algunos casos puede llevar a la necesidad de diálisis», explicó.
Entre las principales causas que pueden desencadenar hipertensión arterial se encuentran la edad, el sobrepeso y la obesidad, el consumo excesivo de sal y alcohol, el tabaquismo, la inactividad física y el uso prolongado de ciertos medicamentos. Además, la predisposición genética juega un rol importante, por lo que aquellas personas con antecedentes familiares de hipertensión deben estar especialmente atentas a sus valores de presión arterial.
La medición de la presión arterial se realiza obteniendo dos valores: la presión sistólica (PAS) o máxima, que se registra cuando el corazón se contrae, y la presión diastólica (PAD) o mínima, que se mide cuando el corazón se relaja entre latidos. «Para confirmar un diagnóstico de hipertensión, es necesario realizar mediciones en días distintos. Se considera hipertensión cuando la presión sistólica es igual o superior a 140 mmHg y la diastólica, igual o superior a 90 mmHg», explicó Deviggiano.
Para obtener valores precisos, se recomienda realizar la medición en un ambiente tranquilo, sentado, y repetir la toma tres veces con intervalos de un minuto entre cada medición, quedándose con el último resultado. Los momentos ideales para hacerlo son después del desayuno y después de la merienda.
Si bien la hipertensión es generalmente asintomática, algunos signos como dolores de cabeza intensos y repentinos pueden indicar un pico de presión. Además, muchas personas experimentan el denominado «síndrome de guardapolvo blanco», una elevación temporal de la presión debido al estrés que genera la consulta médica.
El estrés también puede contribuir al desarrollo de la hipertensión. «Existe la llamada ‘hipertensión emocional’, que no es un mito, sino una respuesta fisiológica real a situaciones de tensión. Los gatillos emocionales pueden generar descargas neurohormonales, como la adrenalina y el cortisol, aumentando la presión arterial», explicó Deviggiano.
Entre los factores de riesgo modificables se encuentran las dietas ricas en sodio, la inactividad física, el consumo de alcohol y tabaco, y el sobrepeso. Asimismo, la contaminación ambiental puede agravar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
En algunos casos, cambios en el estilo de vida, como una alimentación equilibrada con bajo consumo de sal, la práctica de ejercicio regular y la reducción del estrés, pueden normalizar la presión arterial. Sin embargo, la mayoría de los pacientes hipertensos requiere medicación de por vida y controles médicos periódicos para ajustar las dosis según la evolución de la enfermedad.
«Es peligroso suspender la medicación sin supervisión médica, ya que esto puede provocar eventos agudos como arritmias, infartos o accidentes cerebrovasculares», advirtió Deviggiano. Además, las variaciones estacionales pueden afectar la presión arterial: en verano, el calor dilata los vasos sanguíneos y puede requerir ajustes en la medicación, mientras que en invierno, una mayor ingesta de sodio puede elevar los valores de presión.
