La Confitería del Molino es parte de la historia porteña

COnfiterial del molino II

En 1996 Madonna grabó un videoclip. Antes, Gardel, Libertad Lamarque y Niní Marshall, entre otros, pasaron por sus mesas.

Por Dr. Daniel Cassola

Para los más jóvenes el edificio ubicado en Rivadavia y Callao, frente al Congreso Nacional, siempre estuvo tapiado. Es que desde 1997 se mantiene cerrada la Confitería del Molino, que integra la historia cultural, política y arquitectónica de la Ciudad de Buenos Aires.

En estos días avanza en el Senado un proyecto para reabrir el local, y convertirlo además en centro cultural y museo. Sería positivo que esto suceda ya que se trata no solo de un bellísimo edificio, sino también de un lugar pleno de historia.

Los inicios de la Confitería del Molino se remontan al año 1848. En aquel momento los reposteros italianos Constantino Rossi y Cayetano Brenna compraron un negocio ubicado en lo que hoy es Rivadavia y Rodríguez Peña. En ese entonces las calles se llamaban Federación y Garantías, respectivamente.

Adquirió el nombre de “del Molino”, porque en 1866 un inmigrante genovés fue el primero en instalar en la ciudad un molino de granos a vapor. Con posterioridad, en el año 1905, cuando se construyó la actual Plaza del Congreso, la confitería se mudó a su actual ubicación. En aquel entonces Callao era de tierra y estaba circundada por una frondosa arboleda.

En 1915 los dueños decidieron ampliarla y remodelarla. Construyeron uno de los edificios más altos de la ciudad de entonces, para lo que trajeron herrajes, puertas, mármol y vitraux de Italia. En 1917 se produjo la gran inauguración y la confitería vivió su época dorada.

El local se convirtió en un lugar de debate, por la gran cantidad de legisladores que concurrían, pero también de cultura porque era asiduamente visitada por músicos, poetas y escritores.

Por sus mesas pasaron figuras históricas de la política como Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre y, con posterioridad, Eva Perón. También era concurrida por Carlos Gardel, Niní Marshall y Libertad Lamarque.

El poeta Oliverio Girondo, cliente asiduo, escribió: “Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino”.

Durante décadas la confitería se destacó por preparar exquisiteces como el merengue, el marrón glacé, el panettone de castañas y el imperial ruso, un postre con crema de almendras y hojaldre que en Europa llegó a conocerse como “postre argentino”.

Con mejores y peores momentos la confitería siguió funcionando hasta 1997. El último hito en la historia del lugar se registra en 1996, cuando la cantante pop Madonna grabó allí un videoclip.

Hoy, si se logra la reapertura de la confitería, se estaría rehabilitando un pedazo de la historia porteña.

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