La muerte súbita, un desafío urgente para la salud pública

Por Redacción Curar con Opinión

La muerte súbita constituye hoy uno de los grandes desafíos de la cardiología moderna. Se trata de un fallecimiento natural, inesperado e instantáneo que ocurre dentro de la primera hora del inicio de los síntomas. Su magnitud es enorme: representa uno de cada cuatro fallecimientos en adultos y la mitad de todas las muertes de origen cardiovascular.

En el mundo occidental se registran entre 450.000 y 500.000 casos al año, lo que equivale a un evento por minuto. En Argentina, la cifra asciende a unos 40.000 fallecimientos anuales. Lo llamativo es que el 60% ocurre en presencia de testigos: un 15% en el lugar de trabajo y un 20% en espacios de recreación o transporte. El hecho de que la mayoría suceda fuera del hospital convierte a la comunidad en un eslabón esencial de la respuesta.

Cuando alguien sufre un paro cardíaco en la vía pública, la reacción inmediata puede ser decisiva. Una intervención temprana con un desfibrilador externo automático (DEA) más que duplica las probabilidades de supervivencia. Este concepto, conocido como “desfibrilación pública”, ha demostrado ser un pilar fundamental en la lucha contra la mortalidad.

La experiencia internacional lo confirma. En Estados Unidos, cada año unas 155.000 personas reciben asistencia por paro cardíaco, pero apenas el 8% sobrevive. En Europa, con entre 128.000 y 275.000 casos anuales, la sobrevida ronda el 10%. En la mayoría de los episodios la causa es cardíaca: la cardiopatía coronaria está presente en hasta el 80% y la fibrilación ventricular en nueve de cada diez.

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