La salud necesita instituciones eficientes, rigurosas y con objetivos a largo plazo

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En América Latina existen distintos modelos de atención sanitaria.

Por Dr. Daniel Cassola

Un informe publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud sobre la situación sanitaria de América Latina nos permite una rápida conclusión. No hay una sola manera de hacer las cosas bien, pero sí muchas variantes a la hora de fallar. Veamos.

Comúnmente, los índices que se utilizan para medir el trabajo de un sistema sanitario son la esperanza de vida y la mortalidad infantil. Chile es el país con mayor esperanza de vida con 80 años. En un segundo escalón se ubican Colombia, Costa Rica y Cuba con 79.

En materia de mortalidad infantil el mejor país es Cuba con un índice de 6 sobre 1000 nacidos vivos, en segundo lugar Chile con 8 y en tercero Costa Rica con 10.

Justamente quienes están en punta, Chile y Cuba, representan modelos de sociedad totalmente diferentes. Mientras en Chile rige la economía de mercado y la democracia, en Cuba existe una planificación centralizada en el Estado que está conducido por un grupo político que no se somete a elecciones.

En Argentina, como todos ya sabemos, la principal característica del sistema es la fragmentación. El cuidado de la salud de la población se reparte entre el Estado, las obras sociales y las clínicas privadas.

A su vez, se trata de un sistema segmentado ya que cada sector atiende a un sector de la población. La tercera característica es que la financiación, sobre todo en los últimos tiempos, se ha pulverizado.

Hoy un prestador de salud puede tener 20 contratos diferentes para dar el mismo servicio, pero cobra diferente según el cliente. Los especialistas en la materia coinciden en que estas prácticas atentan contra la calidad de la prestación.

Hay más ejemplos de modelos posibles en América Latina. En Brasil, por caso, se eliminó el sector de la seguridad social, por lo que todos los aportes van al Estado. Allí hay un gran sistema de cobertura universal. Sin embargo, 25 millones de brasileños prefieren y pueden, además, pagar un servicio de salud privado.

Por último, un caso para destacar es el de Uruguay. Allí se realizó un seguro universal contra las enfermedades más caras. Uno puede atenderse en el sistema público o en el de mutuales, pero todos los que tienen cáncer, por nombrar una patología, son tratados en los mismos establecimientos, con los mismos medicamentos y tratamientos.

En conclusión, no hay un solo modelo que garantice la salud de la población, meta que se puede alcanzar con estrategias diferentes. Lo que no puede faltar son instituciones eficientes, que tracen objetivos de largo plazo y sean rigurosas en su cumplimiento.

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