¿La suba de impuestos puede ser una herramienta contra el alcoholismo?

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Por Dr. Daniel Cassola

Hace algunas semanas comentamos un extenso informe sobre el impacto que podría tener una suba en los impuestos al tabaco. Según especialistas, tanto en cuestiones impositivas como en salud, una política fiscal más agresiva mejoraría los índices sanitarios y serviría también para aportar recursos al sistema de salud, que se ve diezmado por las patologías que provoca el fumar.

En esta misma línea, la Organización Mundial de la Salud, está sugiriendo una política similar para el alcohol, en un contexto en el que Argentina tiene el segundo consumo de alcohol más alto de América del Sur. Según la OMS “el aumento de impuestos a las bebidas alcohólicas en Argentina puede reducir el consumo problemático, en especial de los jóvenes, lo cual a su vez retrasa la edad de inicio de la ingesta, de acuerdo con un nuevo estudio realizado con el apoyo técnico de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC)”.

Hay casos en otras partes del mundo. La evidencia indica que si el alcohol es más oneroso se retrasa el inicio, disminuye la intensidad y se incentiva la cesación en el consumo nocivo de alcohol. El cuadro en Argentina es preocupante ya que, como dijimos, tiene el segundo consumo anual de alcohol puro por bebedor más alto de América del Sur, con 16 litros (superado por Perú con 18.4), según un artículo recientemente publicado por la asesora principal en Alcohol y Abuso de Sustancias de la OPS/OMS, Maristela Monteiro. De acuerdo con cifras oficiales, la edad de inicio de consumo de alcohol en Argentina es a los 13 años.

Además la OMS considera que en Argentina existe amplio margen para aumentar impuestos al alcohol. Los vinos y espumantes no tienen impuestos y las cervezas están gravadas con un 8 por ciento sobre el precio neto facturado por el productor.

Globalmente, se calcula que el uso nocivo del alcohol causa cada año 2,5 millones de muertes y una proporción considerable de ellas corresponde a personas jóvenes. Las consecuencias del consumo problemático de alcohol en los adolescentes están asociadas a daño cerebral y déficits neuro-cognitivos, lo que tiene efectos sobre el aprendizaje y desarrollo intelectual.

En América, el alcohol representa el primer factor de riesgo y es responsable por el 5,6% de todos los decesos. Además, unos 320.000 jóvenes de entre 15 y 29 años de edad mueren en la región por causas relacionadas con el consumo de alcohol.

El consumo nocivo de alcohol aumenta también la carga de morbilidad relacionada con múltiples enfermedades, tales como la tuberculosis, la infección por VIH/SIDA y el cáncer, y está relacionado con muchos problemas graves de índole social y del desarrollo, en particular, la violencia, el descuido y maltrato de menores y el ausentismo laboral.

Ante este panorama, la suba de impuestos al alcohol, de probada eficiencia en otras latitudes, merece al menos la consideración pública.

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