Los niños con sobrepeso de hoy serán los enfermos crónicos de mañana


Por Dr. Daniel Cassola

El sobrepeso y la obesidad son uno de los principales problemas de salud pública de la actualidad a nivel mundial. En los últimos 30 años, los índices de ambos trastornos han llegado a triplicarse.

Los últimos datos arrojados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2016 marcan más de 340 millones de niños y adolescentes -de 5 a 19 años- con sobrepeso u obesidad. Asimismo, junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), indican que la prevalencia de obesidad en menores de 5 años es de 6,2% (41 millones) a nivel global, con un aumento de 33% desde el 2000 al 2016. Hay nuevas generaciones de obesos y niños con sobrepeso, un fenómeno inédito en la historia mundial.

A su vez, Argentina presenta el mayor porcentaje de obesidad infantil en niños y niñas menores de cinco años en la región de América Latina. Según la Base de Fatos Global sobre Crecimiento Infantil y Malnutrición de la OMS, los argentinos poseen un 7,3% de prevalencia.

Asimismo, según el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) de nuestro país, 1 de cada 3 niños en edad escolar tiene sobrepeso u obesidad. Una realidad que realmente es preocupante porque se trata de una población que en el futuro tiene mayores factores de riesgo para todo tipo de enfermedades.

El exceso de peso en los niños no sólo compromete su estado de salud actual, sino también el futuro, ya que en la edad adulta el sobrepeso incrementa el riesgo de padecer afecciones coronarias, ataque cerebrovascular (ACV), aterosclerosis e hipertensión arterial.

Contribuye al desarrollo de trastornos en los lípidos, como aumento de colesterol ‘malo’ (LDL), disminución del ‘bueno’ (HDL) e incremento de los triglicéridos; acrecienta la posibilidad de desarrollar diabetes tipo 2, desequilibrios hormonales que en la mujer pueden afectar la fertilidad, trastornos como osteoartritis, y el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, como por ejemplo de endometrio, mama, colon, hígado y riñones, entre otros. Pero además, aumenta la mortalidad por todas las causas y disminuye la calidad de vida.

El adulto que fue obeso desde la infancia tiene aumentado el riesgo cardiovascular y metabólico y mayor riesgo de muerte prematura. Además, los niños que crecen con discriminación social tienen peor calidad de vida.

Por todo esto, desde la Sociedad Argentina de Pediatría instan a combatir el sobrepeso y la obesidad promoviendo inicialmente un control adecuado de peso en la embarazada y luego la generación de hábitos saludables desde la primera infancia. Los patrones de nutrición y ejercicio de una madre durante el embarazo influyen en la salud a largo plazo del bebé al darle forma a su metabolismo. Está demostrado que la malnutrición materna, por déficit o exceso, produce cambios en los órganos y metabolismo del bebé, que pueden predisponerlo a padecer obesidad, diabetes e hipertensión en la vida adulta.

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