Por Dr. Daniel Cassola
En la Argentina la falta de agua afecta a más de 8 millones de personas, se estima que hay 15.000 kilómetros cúbicos de agua infectada y más de un tercio de los hogares siguen sin tener cloacas.
Según diversos estudios, el uso del agua se multiplicó seis veces a lo largo del último siglo, el doble de lo que aumentó la población, aunque sólo una modesta parte de los recursos hídricos globales se dedica al consumo humano y la higiene (el 10%). El 70% se destina a producir alimentos y el resto se emplea en los procesos industriales, producción de energía hidroeléctrica y para enfriar centrales térmicas de electricidad.
Un documento del año 2000 realizado por la UNESCO y la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), señalaba que “la disponibilidad de agua dulce es uno de los grandes problemas que se plantean hoy en el mundo y, en algunos aspectos, es el principal. Durante los próximos 50 años los problemas relacionados con la falta del agua o la contaminación de masas de agua afectarán prácticamente a todos los habitantes del planeta”.
En este sentido, la UNESCO ha informado oficialmente que más de 2.200 millones de habitantes de los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades provocadas, directa o indirectamente, por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua.
Con suministros suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la incidencia de algunas enfermedades y el nivel de mortalidad por este factor podrían reducirse hasta un 75 por ciento. “Hasta que todo el mundo no tenga acceso a instalaciones de saneamiento adecuadas, la calidad de los suministros de agua se verá debilitada y mucha gente seguirá muriendo de enfermedades transmitidas por el agua”, declaró la María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS.
En Argentina cuando hablamos de falta de agua, también hablamos de pobreza. Un trabajo de la Universidad Católica Argentina (UCA) refiere que en Santiago del Estero, por ejemplo, cuatro de cada diez hogares no tienen conexión con el agua corriente, es decir el 40% de las familias que allí viven. Además, en Formosa y Chaco, el 35% de los hogares tampoco acceden a cloacas y en diferentes zonas rurales del país los pobladores deben caminar entre 4 y 6 horas para obtener agua potable. Como contracara, en otras zonas, el agua se derrocha: mientras el consumo promedio del país es de 180 litros de agua, en la ciudad de Buenos Aires se superan los 560 litros por habitante, mostrando una marcada brecha federal.
No hay dudas de que el agua es un bien común de la humanidad y que sin ella la vida no prospera: la falta agua potable es una de las problemáticas ambientales más importantes, por lo que es deber de todos cuidar y proteger este recurso.









