Por Dr. Daniel Cassola
El número se desprende de un estudio realizado en conjunto por la Fundación Navarro Viola y la Universidad Católica Argentina (UCA). En su mayoría se trata de habitantes del conurbano bonaerense, con carencias habitacionales, no terminaron el secundario y solo cuentan con la jubilación mínima o algún empleo precario.
El estado de salud de este grupo de gente también es pobre. El 37,5 por ciento manifiesta tener algún malestar psicológico, ansiedad o depresión, el 31,6 por ciento dice que su salud está “muy comprometida”, el 19,2 por ciento sostiene que su existencia es “poco o nada feliz” y el 30 por ciento no tiene proyectos personales que les permitan trascender el día a día.
Sobre la importancia de poner en agenda las necesidades de este grupo, Enrique Amadasi, coordinador del estudio y del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores de la UCA, subraya: «Entre los especialistas no hay acuerdo acerca de que la línea que se utiliza para medir la pobreza en la población en general [según el nivel de ingresos] sea aplicable a las personas mayores». Explica: «Esto es porque tienen una canasta distinta, que aún no se ha valorizado. Mientras no se defina esa canasta alternativa, utilizamos este indicador de pobreza subjetiva, que consiste en relevar a aquellas personas que declaran que los ingresos de su hogar no les alcanza para cubrir las necesidades del mes».
Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento Activo y Longevidad de la Universidad Isalud, coincide, remarcando los déficits de medir la pobreza en las personas mayores según el nivel de ingresos, como la dio a conocer el Indec en marzo, indicando que era del 7,4%. «El PAMI acaba de tomar una medida de reducción de subsidios en medicamentos en base a la línea de pobreza. Y en realidad, la gente que dice que no le alcanza para llegar a fin de mes duplica ese número», dice la especialista.
Amadasi sostiene que cuando se mide el índice de satisfacción de necesidades de las personas mayores -que contempla las vinculadas con la atención en la salud, recreativas, vivienda, alimentación, afecto y cariño, e ingresos-, donde existe mayor insatisfacción es en las económicas. Por otro lado, los más vulnerables son los que conviven con hijos y nietos. «Aunque cobren jubilación, la tienen que compartir con un hogar que es grande, en el que los otros ingresos suelen ser muy precarios», dice Amadasi.
Para Amadasi, a la hora de pensar en políticas públicas, el principal desafío respecto de las personas mayores es el económico. «Cuando se mejora eso, todos los otros indicadores de déficit caen a la mitad», asegura. «Por otro lado, las segundas necesidades más insatisfechas para este grupo son las recreativas: ahí hay mucho trabajo por hacer, porque mientras al estrato medio alto le sobra oportunidad, el más bajo no tiene casi ninguna.»
Por lo visto para que la jubilación sea una etapa feliz en la vida de estas personas todavía queda mucho trabajo por hacer. Considerarlos, que el tema ingrese en la agenda pública sería el primer paso. Una sociedad que no valora y resguarda a sus mayores no puede llamarse desarrollada.









