Medicamentos: cuando el usuario tiene el poder

FUENTE: Buena Vida

A lo largo de los últimos años, cada vez más personas son conscientes de la importancia del autocuidado de la salud. Cambios positivos en el estilo de vida, algunas campañas a nivel oficial, influencia de Internet y de los medios de comunicación fueron parte activa en ese proceso. En este contexto, ¿cómo se relacionan con los medicamentos de venta libre? ¿existe una actitud responsable sobre el consumo? ¿qué sucede con la automedicación?

Los números hablan por sí solos: en las 13.500 farmacias que existen en nuestro país por donde pasan 45 millones de personas por mes, uno de cada cuatro medicamentos que se expenden es de venta libre, lo que representa 12.441 millones de pesos por año.

Es decir que, uno de cada diez pesos gastados en medicamentos en Argentina van al segmento de venta libre, según surge de un estudio realizado por la consultora QuintilesIMS, especializada en brindar información y servicios tecnológicos al área farmacéutico en más de 100 países. En este punto, es importante diferenciar, según su forma de dispensación, las categorías de medicamentos.

En nuestro país, la Ley 14.463 establece que los medicamentos de venta libre son aquellos “destinados a aliviar dolencias que no exigen en la práctica una intervención médica y que, además, su uso – en la forma, condiciones y dosis previstas – no entrañan, por su amplio margen de seguridad, peligros para el consumidor”.

Diferente es el caso de los medicamentos que sí o sí deben venderse bajo prescripción y seguimiento médico que, según la peligrosidad de la droga, requieren de receta simple, archivada o por triplicado.

“Se debe entender un medicamento como un instrumento de salud y no como un bien de consumo, motivo por el cual su uso debe adecuarse a cada individuo. La automedicación responsable se contrapone a la autoprescripción, que corresponde al uso indiscriminado de medicamentos que, aun requiriendo de receta médica, se consumen sin indicación ni supervisión de un profesional”, explica Ricardo Papaleo, médico psquiatra especialista en adicciones y profesor de la Licenciatura en Psicología de la Fundación UADE.

Lamentablemente y aunque el Código Penal prevé sanciones para los farmacéuticos que vendan medicamentos prescriptivos sin receta, en la práctica esto sucede y resulta difícil de comprobar. Corticoides, insulina, antihipertensivos, antihistamínicos, analgésicos antiinflamatorios, anticonvulsionantes y hasta antibióticos, se consiguen muchas veces sin receta en ciertas farmacias y hasta por Internet.

Consultado al respecto, Rubén Sajem, presidente de la Sección de Farmacéuticos del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal (COFyBCF) explica que “cuando la gente solicita medicamentos sin receta, incluso muchas veces sin la información necesaria, o por recomendaciones de personas que no son profesionales, tenemos que entender que está requiriendo una atención sanitaria que no le ha sido brindada”.

“Esto está indicando un problema en el sistema de salud. Las farmacias son lugares de fácil acceso a la consulta, que están bajo la responsabilidad de un profesional universitario. Nosotros decimos, además, que son lugares amigables, donde se da el primer acceso a un profesional dentro de lo que es el sistema de salud. Es decir, cada farmacia es un lugar de acceso al sistema de salud formal”, continúa.

Detrás del mostrador

Hasta 2009, los medicamentos de venta libre podían elegirse libremente en las góndolas de la farmacia. A partir de ese año, en medio de algunas polémicas y luego de la sanción de la ley 26.567, esta categoría –que en inglés se conoce como over the counter (OTC) o arriba del mostrador- pasó del otro lado del mostrador, lo que obliga a tener que solicitarlos especialmente al agente de salud.

“En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por ejemplo, hasta ese momento, la gente adquiría algún analgésico o antiácido en otros pequeños establecimientos además de en farmacias, por cercanía, si no tenían cerca una farmacia de turno”, señala Jimena Worcel, psiquiatra y asesora médica de la Cámara Argentina de Productores de Especialidades Medicinales de Venta Libre (CAPEMVeL).

“La gente nunca acostumbró a pedir otra categoría -como antitusivos, cremas para los hongos de los pies (pie de atleta) o pediculicidas- fuera de las farmacias. Posiblemente haya habido un cambio el primer tiempo, unos meses, pero la necesidad no cambia, no vas a dejar de tener dolor menstrual porque tengas que adquirir un analgésico en farmacias”, resume.

Sin embargo, Worcel también da cuenta de una realidad: “En Argentina, la gente puede comprar medicamentos de venta bajo receta -como anticonceptivos, antinauseosos o antimigrañosos – o inclusive de receta archivada, como los antibióticos- en farmacias, sin presentar la receta”.

“Esta práctica, que ocurre a diario no sólo confunde, porque gracias a eso se cree que muchos medicamentos de venta bajo receta son de venta libre, sino que además es muy peligrosa. Todos los medicamentos que requieren de al menos una receta para ser adquiridos deben tener supervisión médica, siempre. Pero hay poco control y sanción sobre ese hecho”, subraya.

Desde la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, José Luis Castro, asesor en Uso Racional de Medicamentos, advierte que “el hecho de que los medicamentos de venta libre sean dispensados por un farmacéutico contribuye a una mejor información respecto de dosis, precauciones y tiempo de uso”.

“Además, hace posible responder con conocimiento algunas dudas que pueda presentar la persona. Todo medicamento, aunque sea de venta libre, tiene un efecto sobre síntomas y eventualmente, también, puede generar reacciones adversas”, advierte.

Tiempo de decidir

Cuando el paciente se acerca a la farmacia para comprar un medicamento de venta libre, varios factores influyen en la decisión final. “En general, existen tres mecanismos. El primero, es la información a través de Internet. El Dr. Google, como solemos decir, es una fuente de asesoramiento, y muchas veces preguntan directamente por el principio activo, conocen cómo funciona el ibuprofeno o el diclofenac”, subraya Juan Manuel Santa María, Consulting & Services Director de QuintilesIMS.

“Otras veces preguntan por una marca, porque la conocen, ya la consumieron o se las recomienda un familiar o un amigo, o, por último, suelen explicar directamente el síntoma. Es entonces cuando el agente de salud tiene más acción sobre la recomendación, sobre las indicaciones de, por ejemplo, si se está consumiendo algún otro medicamento, puede advertir sobre el uso prolongado, entre otros temas”, concluye.

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