Médicos y legisladores impulsan una ley para declarar a la obesidad como enfermedad crónica

En el marco del XXIII Congreso Argentino de Nutrición, que se desarrollará entre el 3 y el 5 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires, uno de los ejes más esperados será la presentación y debate de un proyecto de ley que busca declarar a la obesidad como una enfermedad crónica.

Por Dr. Daniel Cassola

Actualmente, la obesidad no es reconocida formalmente como enfermedad por el sistema de salud. Esto genera limitaciones en el acceso a diagnósticos y tratamientos, ya que las obras sociales, prepagas y el propio Estado no siempre garantizan su cobertura. Además, esta falta de reconocimiento perpetúa el estigma y la discriminación hacia las personas con obesidad, incluso dentro del ámbito médico. La legislación vigente, a través de la Ley 26.396 sancionada en 2008, declara de interés nacional la prevención de los trastornos alimentarios, pero encuadra la obesidad como un problema de conducta alimentaria y no como una enfermedad metabólica. Este vacío normativo es lo que el nuevo proyecto busca subsanar, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que desde hace años clasifica a la obesidad como una enfermedad crónica no transmisible.

El denominado Proyecto de Ley para la Prevención, Tratamiento y Control de la Obesidad en la República Argentina fue ingresado en noviembre de 2024 ante la Comisión de Salud del Senado, presidida por la senadora Lucía Corpacci, y cuenta con el respaldo de los senadores Carlos Arce y Sonia Rojas Decut. Si bien todavía no obtuvo estado parlamentario, su inclusión en la agenda legislativa podría marcar un antes y un después en el abordaje de una condición que afecta a millones de argentinos. La iniciativa es impulsada por los destacados especialistas Mónica Katz, Alberto Cormillot y Jorge Harraca, y se propone generar un cambio estructural en la salud pública argentina.

Para la Dra. Mónica Katz, el reconocimiento legal es indispensable: “La ley vigente tiene un enfoque centrado en los trastornos alimentarios de origen psiquiátrico. La obesidad, en cambio, requiere un abordaje biomédico y social mucho más amplio. Hoy, en términos legales, no existe”. En la misma línea, el Dr. Harraca remarcó la necesidad de trabajar en la prevención desde edades tempranas: “Tenemos que llegar antes, desde la infancia, con educación y concientización. No alcanza con tratar cuando la enfermedad ya se instaló”.

Los especialistas señalan que la promulgación de la ley implicaría la inclusión de la obesidad en el Programa Médico Obligatorio, garantizando la cobertura de fármacos, terapias multidisciplinarias y cirugías bariátricas, además de campañas masivas de prevención y detección temprana. También contempla la creación de un Observatorio Argentino de la Obesidad, destinado a evaluar políticas públicas, analizar datos poblacionales y recomendar estrategias sanitarias sostenibles.

Más allá de los aspectos médicos, uno de los puntos centrales del proyecto es desarmar el discurso culpabilizador que rodea a esta condición. “La obesidad no es un problema de voluntad ni de carácter. Es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Mientras no se la reconozca como tal, el sistema le seguirá dando la espalda a miles de personas”, explicó la Dra. Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición. Para ella, tratar la obesidad debe considerarse una inversión más que un gasto, ya que los costos sanitarios de las enfermedades asociadas —diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño o enfermedades cardiovasculares, entre otras— representan hasta un 2% del Producto Bruto Interno.

Las cifras son contundentes: quienes mantienen un peso saludable tienen un 80% de probabilidades de alcanzar los 70 años, mientras que en personas con obesidad severa ese porcentaje se reduce a la mitad. “La salud es un derecho, no un privilegio. Este proyecto es más que un texto legal: es la oportunidad de construir un país más empático, informado y saludable”, subrayó Katz.

Uno de los aspectos más alarmantes de la obesidad es su impacto en la salud integral. El exceso de tejido adiposo no se limita a acumular grasa visible, sino que funciona como un órgano metabólicamente activo que promueve procesos inflamatorios y altera el funcionamiento de diversos sistemas del organismo. Por ello, la obesidad está directamente vinculada a enfermedades como la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, la hipertensión, las dislipemias, la apnea del sueño, el hígado graso, la depresión, la ansiedad y ciertos tipos de cáncer. Incluso se ha demostrado que incrementa el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson.

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