Fuente: Data Chaco
El ministerio nacional de Salud ha publicado un largo documento guía, 150 páginas, sobre cómo diagnosticar y tratar la obesidad, un factor de riesgo que es pandemia, es decir epidemia en todo el mundo, y por su frecuencia ya supera a la cantidad de gente con hambre, cuando lo usual era lo inverso.
La última encuesta nacional describe como aumentó la obesidad del 14,6 % al 18 % entre 2005 y 2009, de modo es previsible sea superior al 20 % en la actualidad. La encuesta destaca que la obesidad afecta sobre todo a los más pobres, aunque la imagen tradicional de las caricaturas quiere que el rico sea gordo y el pobre flaco, imagen que corresponde a la desnutrición aguda que ya es rara.
Debe distinguirse la obesidad del exceso de peso, una situación intermedia entre el peso normal y la obesidad, que parece no estar asociada a incremento de mortalidad, lo que sí ocurre en el caso de la obesidad, mediada por enfermedades crónicas, como la diabetes, o complicaciones cardiovasculares, así como algunos tipos de cáncer.
La nueva guía recomienda el tratamiento en forma interdisciplinaria, por nutricionistas, psicólogos, médicos, asistentes sociales, y profesores de educación física y ha sido elaborada por varias sociedades científicas y tres universidades, dos privadas, y la voz cantante parecen haberla llevado dos médicos nutricionistas muy conocidos, tanto por su presencia en TV, como por sus institutos de adelgazamiento cinco estrellas.
La gente obviamente engorda porque come alimentos calóricos que son los más baratos, y hace menos actividad física. De allí la incorporación del psicólogo y los profesores de educación física.
Claro que si hay varios millones de obesos pobres este tratamiento interdisciplinario parece poco realista, por los costos involucrados. Este es un problema general en estas guías, donde se suele indicar lo que habría idealmente que hacer, y no lo que se puede hacer con los recursos disponibles. Del mismo modo la guía recomienda consumir galletas de arroz, producto que no figura entre los “precios cuidados”, o descartar la yema de los huevos, usando solo la clara.
Deduzco la importancia de la participación relevante de los prestigiosos médicos nutricionistas antes mencionados, porque ninguno de ellos trabaja en servicios públicos de salud, sino con pacientes de alto standing, para los cuales consumir galletas de arroz es tan común como la torta frita para los pobres, y descartar la yema de los huevos no es problema.
Llenar la panza en forma barata es prioritario para los pobres, de allí la preferencia por harinas y grasas, de alto valor calórico y que sacian, en forma de tortas y guisos, con bajo consumo de frutas y verduras, de mayor costo, y escasa capacidad de saciedad, lo mismo que el pescado. Si se hacen los cálculos, los 4.500 Kg de pescado vendidos en estos últimos días, por el programa “Pescado para Todos”, apenas dan unos 20 g. de pescado por habitante de la ciudad. Tratar la obesidad es por tanto distinto si se trata de pobres y no pobres, y distinto también en las diversas regiones del país, con hábitos gastronómicos diferentes.
México es el país más afectado por la obesidad, 40 % de la población, asociado al consumo de gaseosas, hábito que lamentablemente se cultiva y generaliza desde la infancia, por asociación involuntaria entre padres complacientes y empresas, y los expertos mexicanos lamentan la escasez de nutricionistas, agravada por cuanto la mayoría están empleadas por farmacias para promover alimentos adelgazantes, puesto que la obesidad no solo es un factor de riesgo, sino también un enorme negocio en las clases acomodadas, que crea mercado para alimentos adelgazantes, institutos de fitness, liposucciones, cirugías bariatricas, etc.
El médico inventor de la dieta Dunkan, la más popular en Francia, acaba de ser expulsado del colegio médico por falta de ética en la comercialización de su producto, algo que también afecta a algunos adelgazadores locales y a sus empresas y franquicias, pero sin mayores consecuencias hasta ahora, pues si se tolera la publicidad de medicinas alternativas, ilegales, sería difícil sancionar a los adelgazadores, del mismo modo que a los vendedores de medicamentos disfrazados de suplementos alimentarios.
Como también pasa en Argentina, se ha observado una correlación inversa entre el descenso del hábito de fumar, y el incremento de la obesidad, sin que esto sea más que una relación estadística cuya implicancia causal aun debe dilucidarse, puesto que el hábito de fumar también es más común en los pobres.
El antropólogo, un profesional que estudia la cultura es un personaje raro en los ministerios de salud, y cuando aparece se lo hace vinculado a los indígenas, aunque comer es un acto no solo nutricional sino también cultural, y todos tenemos alguna cultura. Sería aconsejable pensar en ellos sobre todo cuando aúnan conocimientos médicos o de nutrición a los antropológicos, de modo que puedan integrar ambas perspectivas. Los obesos pueden también ayudarse mucho entre ellos, mediante grupos al estilo de Alcohólicos Anónimos, que son gratis,en tanto hay grupos arancelados organizados por las varias profesiones relacionadas, y para los más pudientes estaría por fin la guía que acaba de salir con equipos multidisciplinarios, galletas de arroz y huevos sin yema. Lo gourmet no debe descartarse tampoco, y la alimentación escolar en Inglaterra ha sido revolucionada por un joven chef, que encontró la forma de hacer sabrosa la comida sana.
De todos modos hay que recordar que la obesidad afecta más a los más pobres, según la encuesta nacional, de modo que esa sería una forma de control adicional, pues comer sano es costoso, mas aún si se quiere comer doblemente sano, es decir con alimentos orgánicos, una moda creciente, entre las clases acomodadas, claro.
En la reforma constitucional de 1994, un constituyente médico, Dr. JC Escudero, propuso incluir el derecho a comer, lo que fué considerado un derecho excesivo, lo mismo que a la atención de salud, por lo que no se incluyeron, aunque sí, en cuanto a la atención de salud el consumidor tiene derecho a la calidad del producto que puede pagar, pero este derecho no alcanzó a los alimentos, donde ahora se cuida el precio, que en definitiva es lo que interesa al pobre.
Profesor Titular de Salud Pública
Facultad de Medicina
UNNE









