Fuente: Clarín
Es el San José de Pergamino, principal centro médico del noroeste bonaerense. La carta de un médico reveló su abandono.
El Ministerio de Salud bonaerense confirmó hoy el alejamiento del doctor Juan Cichillitti como director ejecutivo del hospital San José de Pergamino, el principal centro sanitario de derivación de la zona noroeste de la provincia donde falta de todo, desde sillas y agua caliente hasta guantes de látex y medidas de seguridad.
La precaria situación del hospital fue revelada a partir de la carta que el médico argentino Claudio Aldaz, codirector de un centro de investigación de cáncer en Texas, Estados Unidos, envió a varios medios, al gobernador Daniel Scioli, a los ministros de Salud Manzur y Collia, y al propio Cichillitti.
El 6 de abril, varios familiares de Aldaz que habían sufrido un accidente de tránsito en la ruta 8 fueron internados de urgencia en el San José. «Estuve varias noches en el hospital acompañando a mi sobrina Laura Saiz y aguardando por el estado de salud de su hijita de 6 años, de otra sobrina de 16 y de su cuñado. Ese lugar parecía una fábrica semiabandonada; por momentos creía que estaba en Africa. Fue la peor imagen del tercer mundo», contó hoy a Clarín desde Texas.
En el auto de su sobrina viajaban seis personas rumbo a Don Torcuato. Fallecieron cuatro. Laura, la sobrina de Aldaz, perdió a su esposo, Leandro Greco, y a dos hijas: una de 14 años (ella y su papá murieron en el momento del accidente) y otra de 6 que falleció en el hospital de Pergamino, donde también murió su cuñado, Walter Greco. Un camión con acoplado los embistió al cambiar de carril en la ruta 8.
«Ni bien me enteré, viajé a Buenos Aires. Recorrí varias veces esa peligrosa ruta que está en pésimas condiciones: tiene un intenso paso de camiones, con parches en el pavimento, sin banquinas y que, irónicamente, para transitarla hay que pagar peaje», describió. Sus impresiones sobre el hospital están detalladas en su carta, que acompañó con una decena de fotografías que demuestran la lista de faltantes y deficiencias. «Falta de agua caliente; baños sucios; sillas y ventanas rotas; las enfermeras tienen que calentar agua en tachos para higienizar a los pacientes antes de operarlos», enumeró. Y dio más ejemplos: «Tenían un solo elemento que sirve para medir la presión intracraneal y que es descartable. Mi sobrina de 16 años lo tenía puesto en la sala de terapia intensiva, y la chiquita de 6 no. Le pregunto a la médica y me contesta que no tenían más, que ése era el único».
Aldaz quiere dejar en claro que sus familiares no murieron por las lamentables condiciones del hospital y que su carta no es para reclamar, sino para informar, para poner al tanto a las autoridades sanitarias. «Los médicos me decían que así trabajan, que están cansados de reclamar por los insumos, por la falta de seguridad. Pienso que el director de ese centro sanitario debe velar por su hospital, que es como su casa, tiene que recorrerla, ver qué pasa en sus pasillos, ver que por las noches las puertas de hierro están cerradas con cadenas y candados, algunas están soldadas, y si llega a ocurrir un incendio, se convierte en una trampa mortal», concluyó.









