Redes sociales que nos vuelven locos

Por Dr. Daniel Cassola

El fenómeno de las redes sociales es novedoso y sobre muchos de sus efectos estamos aprendiendo sobre la marcha. Han cambiado, sin dudas, las formas en que millones de personas se relacionan y se muestran con los demás. No todas las redes sociales funcionan de la misma manera pero lo que sí es cierto es que todo cambió conlleva algún tipo de impacto en la salud mental de la persona que lo atraviesa.

En principio las redes pueden generar ansiedad. Los ingleses lo llaman “Fear Of Missing Out” (FOMO), que quiere decir el miedo a perdernos algo. En las imágenes que vemos en las redes sociales siempre hay alguien de vacaciones en algún lugar exótico, comiendo en un restaurant exclusivo, en alguna fiesta a la que no hemos sido invitados. Lógicamente, todo el tiempo nos estamos perdiendo cosas. Las redes sociales pueden funcionar como una vidriera que nos separa a bienes o relaciones a las que no podemos acceder. Sobre todo este efecto se produce en el segmento adolescente o más joven de la población, de 15 a 25 años.

Según una encuesta realizada en el Reino Unido la peor de las plataformas virtuales en este sentido es Instagram, la red donde todo (o casi) son las fotografías. El uso de Instagram está asociado con altos niveles de ansiedad, depresión, intimidación y FOMO.

Con anterioridad se han publicado estudios que indican que si los jóvenes pasan más de dos horas al día en las redes sociales son más propensos a sufrir trastornos psicológicos, por lo que los psicólogos describen como “comparar y desesperar”. Lo dicho, otros disfrutan de la vida mientras yo estoy aquí en mi casa solo mirándolos. Esa es la idea que atraviesa y daña la mente de los adolescentes.

Además se ha comprobado que el uso intensivo de redes afecta la calidad del sueño, puede empeorar problemas de bullying y acentúa inconvenientes con respecto a la auto percepción del cuerpo.

Pero no todas son pálidas. Todas las redes estudiadas (Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat y YouTube) también conllevan sus beneficios, sobre todo en lo que concierne a la construcción de la propia identidad y la posibilidad de expresión. También en torno a las redes sociales se construyen comunidades que luego sirven como soporte o apoyo para las personas.

En conclusión, los británicos recomiendan que se fomente el uso “no intensivo” de las redes sociales, incluso aspiran a que las mismas plataformas adviertan a sus usuarios sobre este tema.

Hay un mundo por fuera de las redes sociales que no ha desaparecido. Siguen existiendo los clubs, el deporte, el cine y los libros. No todo lo que pasa, pasa en las redes sociales. Si un joven no lo ve de esta manera, tenemos un problema.

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