Riesgo de contagio de tuberculosis en los hospitales porteños

Por Dr. Daniel Cassola

Muchos piensan que la tuberculosis es una enfermedad del pasado, que solo se encuentra en los libros de historia. Incluso muchos médicos consideran de esa manera a la segunda causa de muerte por enfermedades infecciosas en el mundo, después del HIV. Por eso, en mayo de 2015, la Asamblea Mundial de Salud estableció el objetivo de ponerle fin a la epidemia en 2035.

En la Ciudad de Buenos Aires se diagnostican por año 2500 casos nuevos de pacientes con tuberculosis. De ellos, la mitad son residentes de la Provincia de Buenos Aires.  Desde 1982 existe en el ámbito porteño la Red de la TBC, coordinada desde el Hospital Francisco Muñiz. Además, para ésta enfermedad, que se trasmite por vía aérea, está el Programa de Tratamiento y Control de la Turberculosis, cuya gestión para 2015 fue evaluada por la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA).

Uno de los datos más relevantes es que “los espacios físicos para el tratamiento de quienes padecen ésta patología no dan garantías de bioseguridad, tanto a otros pacientes como al equipo de salud”. La tuberculosis se propaga por gotas que quedan suspendidas en el aire cuando se estornuda, tose, habla o escupe. Por ello, señala el informe aprobado en mayo de 2017, “el lugar de espera debería ser exclusivo y con salida al exterior que permita su óptima aireación y evite el contacto de pacientes infectados con los que no lo están”.

No obstante, en el Hospital Piñeiro, por ejemplo, el equipo de la Auditoría detectó que “la sala de espera para estos casos es compartida con los de los servicios de psicopatología, gastroenterología, otorrinolaringología y dermatología”. A ello se suma que no tienen medidas de bioseguridad ya que “los aires acondicionados no tienen filtro ni se les efectúan controles médicos periódicos al personal de servicio”. De la recorrida se desprende que “no hay privacidad para realizar el interrogatorio que permite recabar datos de la intimidad del paciente, fundamentales para el diagnóstico médico”.

En el Hospital Santojanni, otro de los evaluados por la Auditoría, la situación es similar. Se observó que “el espacio físico es insuficiente” y que “hay solo dos consultorios para toda la población neumológica” por lo que puede cruzarse una mujer asmática que esté embarazada con un enfermo de tuberculosis, con los riesgos que este encuentro tendría. En cuanto a los profesionales que se desempeñan en ese espacio, el informe señala que tienen “riesgo de contagio” ya que “no funciona la aspiración ni el recambio de aire en los consultorios”.

Volviendo a las observaciones realizadas en el Piñero, para realizar estudios como broncoscopías o punciones “dependen de la disponibilidad de otros servicios que le faciliten el espacio, siendo un limitante muy importante”. Otras prácticas  “son realizadas con equipamiento propiedad de los profesionales del servicio”.

El meticuloso informe elaborado por la Auditoría da cuenta de que la tuberculosis es una enfermedad que todavía no nos tomamos en serio.

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