Un estudio argentino revela la presencia de más de 80 agrotóxicos en alimentos

Un reciente estudio realizado en Argentina ha detectado la presencia de más de 80 agrotóxicos en alimentos de consumo habitual, de los cuales algunos son reconocidos como agentes cancerígenos.

Por Dr. Daniel Cassola

Este informe, que marca la tercera edición de un esfuerzo continuo por sistematizar y analizar la problemática de los residuos de agrotóxicos en los alimentos, revela que la mitad de estos químicos están prohibidos en la Unión Europea. Además, el 75% de ellos son clasificados como alteradores hormonales y el 49% como agentes cancerígenos.

Por primera vez, el estudio vincula estos hallazgos con las recomendaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), elaboradas por el Ministerio de Salud de la Nación y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A diferencia de las ediciones anteriores, esta investigación incorpora un análisis más profundo sobre la dieta cotidiana, detallando un menú estándar y calculando la ingesta diaria de agrotóxicos, que resultó ser de 36 miligramos por cada kilo de alimentos.

Para llevar a cabo este exhaustivo análisis, las organizaciones involucradas, entre ellas el Centro de Asesoramiento y Urbanización de la Ciudadanía y el Entorno (CAUCE), solicitaron datos al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Por primera vez, SENASA proporcionó información detallada sobre cada muestra, incluyendo la región y localidad de procedencia, permitiendo elaborar un mapa que visualiza claramente la situación a nivel nacional.

La licenciada en nutrición Glenda Mangia, Coordinadora del área de alimentación y agroecología de CAUCE y una de las autoras del informe, destacó la importancia de esta nueva metodología. “Este informe ofrece un análisis más profundo de la parte alimentaria, contrastando lo que el Ministerio de Salud recomienda consumir con lo que realmente se consume”, explicó Mangia. El estudio abarcó 6417 detecciones de residuos químicos en 43 alimentos, encontrando la presencia de 83 principios activos diferentes.

Entre los alimentos más afectados, las manzanas lideran con 31 químicos diferentes detectados en 521 controles realizados en todo el país. Otros alimentos con alta presencia de agrotóxicos incluyen la pera (34 químicos), la naranja (30), la banana (30), el tomate (29), la uva (27), la palta (26), la mandarina (25), el limón (24) y el pimiento (23).

A pesar de los datos oficiales proporcionados por SENASA, el informe encontró incongruencias significativas al comparar estos resultados con los límites establecidos por la normativa. Mangia señaló que en algunos casos, la presencia de sustancias no autorizadas para ciertos vegetales se consideró dentro de los límites permitidos por defecto, lo cual no debería ocurrir. “Encontramos mucha permisibilidad en algunos criterios, lo que resulta en resultados muy distintos a los nuestros”, cuestionó Mangia.

Otro hallazgo preocupante es que la mayoría de los químicos detectados (76%) son alteradores hormonales, lo que puede causar desequilibrios como alteraciones en la glándula tiroides. Además, el 49% son cancerígenos, con la capacidad de generar células tumorales y desarrollar cáncer de mama o de próstata, y el 19% son inhibidores de la colesterasa, afectando el sistema nervioso central y pudiendo causar atrofia muscular.

El estudio subraya la necesidad urgente de reevaluar y prohibir determinadas sustancias utilizadas en la agricultura argentina. “Estamos utilizando muchas sustancias que en la Unión Europea ya están prohibidas. Es crucial avanzar hacia la prohibición de estas sustancias y reevaluar la toxicidad de otras, así como los límites de uso”, afirmó Mangia. El informe también proporciona bases concretas para dialogar con los tomadores de decisión y fomentar políticas públicas que apoyen modelos productivos alternativos, como la agroecología.

Mangia enfatiza la importancia de una transición gradual y bien apoyada hacia prácticas agroecológicas, destacando la necesidad de capacitación y asesoramiento para los productores. “Es esencial que el Estado apoye otro modelo productivo para mejorar la calidad de vida y alimentación de la población”, concluyó.

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