Una sociedad de adictos a los carbohidratos

Son productos ricos, llenan, se venden por todos lados, no son tan caros como las proteínas y dan ganas de no parar de comerlos. También hacen subir los niveles de insulina, programando al cuerpo para el aumento de peso y las enfermedades crónicas. Consejos.

Cuando uno empieza a comprometerse con una alimentación más saludable, se da cuenta de que tanto la industria alimentaria como los gobiernos tienen responsabilidad por la alta prevalencia actual de obesidad y diabetes en nuestra población.

Los alimentos que consumimos elaborados a base de harinas, azúcares y carbohidratos refinados son ricos, llenan, se venden por todos lados, no son tan caros como las proteínas, están disponibles siempre, se promocionan mucho y dan ganas de no parar de comerlos.

Cada vez que ingerimos estos alimentos procesados y/o ricos en azúcares simples (bebidas azucaradas, panes, galletitas, golosinas) estamos asegurándonos una comida deficiente en nutrientes.

Si bien el azúcar presente en estos alimentos (glucosa) es combustible para las células, éstas también necesitan vitaminas y minerales para hacer su trabajo de manera correcta. Al incorporar este tipo de calorías vacías, hacemos trabajar a nuestras células, pero sin aportarle todo la materia prima que en verdad necesitan.

Quien se está alimentando de esta manera desea comer más y más porque las células permanecen hambrientas de vitaminas y minerales, sufriendo sus carencias.

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Cada vez que alguien se encuentra siguiendo una dieta deficiente en micronutrientes, necesita comer más para obtener los nutrientes suficientes para que su cuerpo funcione de la mejor manera, con un aumento de peso correspondiente, por descuido, o bien por imposibilidades económicas.

Por eso es recomendable comer alimentos ricos en nutrientes, priorizando la calidad antes de la cantidad, exactamente lo opuesto a lo que muchas personas están haciendo en este momento.

Los consejos médicos engordaron a la población

En la segunda mitad del siglo XX, las recomendaciones para la prevención de enfermedades cardiovasculares comenzaron a promocionar dietas bajas en grasa, y así, necesariamente, comenzamos a ingerir más carbohidratos.

Como consecuencia, muchos padres se preocuparon de que sus hijos no comieran grasa, y no sabían que el verdadero problema era que sus hijos estaban engordando por atiborrarse con galletitas y cereales del desayuno.

Por suerte, en los últimos años, la investigación en nutrición ha avanzado y ahora sabemos que las grasas saludables son una parte importante de una dieta bien balanceada, y que los hidratos de carbono de calidad son cruciales para la salud. Así es como se lo acaba de recomendar en las guías actuales de nutrición.

Los argentinos consumimos más calorías de derivados de cereales refinados y papas que de azúcar. Los alimentos ricos en almidón, como el pan blanco, arroz blanco, papas y galletitas se digieren rápidamente como glucosa, haciendo subir los niveles de insulina y programando al cuerpo para el aumento de peso y las enfermedades crónicas.

Debería haber más campañas de salud pública centradas en la calidad de hidratos de carbono, en desalentar el consumo de bebidas azucaradas, que muchas personas ya conocen que no son saludables

En este sentido, resulta clave para la salud pública reducir la ingesta de todos los carbohidratos altamente procesados ​​en favor de los hidratos de carbono integrales (frutas, verduras, legumbres y cereales mínimamente procesados) y grasas saludables (como las nueces, otros frutos secos y el aceite de oliva).

Principales pautas a tener en cuenta

– Sustituir los alimentos procesados con comida casera, hecha con ingredientes integrales, es una forma ideal e importante de garantizar una buena nutrición.

– Evitar el azúcar refinado, la fructosa procesada y las harinas y otros alimentos procesados.

– Seguir una dieta con alimentos enteros, sustituyendo los carbohidratos con:
grandes cantidades de vegetales crudos y cocidos;
hasta 3 porciones de frutas enteras por día;
cantidades moderadas de proteínas de alta calidad (pescado, pollo, carne vacuna, huevos);
aceites y grasas saludables de alta calidad: en especial aceite de oliva, frutos secos y semillas.

Comer “alimentos verdaderos” es clave

– Una vez a la semana siéntese a planear los alimentos de la semana siguiente. Haga una lista de los alimentos que necesita comprar en el supermercado para prepararlos.

– Propóngase la meta de encontrar 10 a 20 recetas saludables que usted y su familia disfruten.

– Compre sus alimentos una vez a la semana; compre todo lo que necesita. Esto es más eficiente que salir a comprar cada día.

– Si está muy ocupado, cocine en grandes cantidades: lo que sobra puede ser guardado en el freezer para ser comido los días siguientes.

Un cambio de fondo

Los individuos, por nosotros mismos, no podemos garantizar la calidad y seguridad de los alimentos que consumimos, por lo que es imprescindible el compromiso de la industria y todos los niveles de responsabilidad (gobierno, empresas, entidades científicas, universidades, profesionales de la salud, medios de comunicación) que son los que deben planificar y organizar acciones concretas para ayudarnos a elegir a favor de nuestra salud.

Este llamado hacia un cambio necesario requiere decisión, generosidad, sentido común y creatividad. ¿Estarán la industria y el estado a la altura del desafío?

Y esto no es nada: es apenas el comienzo de lo que se avecina con las complicaciones que traerán la obesidad y la diabetes si no hacemos nada.

* El autor es médico clínico especialista en nutrición e instructor de mindfulness, dirige el sitio www.comerdespierto.com y dicta el entrenamiento “Comer Despierto” en Belgrano y Palermo; comerdespierto@gmail.com.

Fuente: Clarín

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