Trapitos: la extorsión no es lo mismo que el trabajo
Por Dr. Daniel Cassola
A diario y durante todo el año los porteños sufren extorsiones cuando quieren estacionar su auto en la vía pública en una zona de restaurantes, o cuando se concurre a un recital o partido de fútbol.
La historia es bien conocida. Desde hace un tiempo a esta parte hay grupos de “trapitos” que exigen un monto fijo por estacionar en la calle. El monto se ha ido incrementando con el paso del tiempo y hoy roza los cien pesos.
Esta modalidad se ha trasladado a la costa. Particularmente en Mar del Plata hay una muy grave denuncia que ha circulado en los últimos días.
Con motivo de la realización de un recital en la zona de Punta Mogotes se reunió una gran concurrencia. Junto con el público asistieron los “trapitos”, que exigían sumas cercanas a los cien pesos para estacionar.
Mucha gente, probablemente hastiada de convivir con el problema durante todo el año, decidió no pagarles. Una vez finalizado el recital se registraron roturas en alrededor de cien autos, que todos sabemos que cuestan mucho más que cien pesos.
Cuando se produce un recital de estas características el problema se ve en toda su dimensión. Pero quienes están veraneando en la costa dicen que este año hay más trapitos que nunca, y que las extorsiones son diarias. Se producen cuando uno va al centro, cuando va a la playa, cuando va a cenar. O sea, prácticamente en todos lados.
En este punto no hace falta ser un detective de carrera para saber que se trata de movimientos organizados. Si pensamos en la cantidad de puntos en los que están apostados y los montos que cobran, seguramente nos vamos a encontrar con una cifra importante.
Es imposible que la policía ignore esta situación. Hay solo dos alternativas. O de alguna manera es cómplice o no tiene los recursos suficientes para enfrentar a esta organización delictiva.
Por último vale hacer una aclaración. Originalmente los “trapitos” no eran extorsionadores sino personas que buscaban el peso cuidando los autos en los restaurantes y ayudando a que la gente estacione. Los primeros deben haber empezado en la Costanera porteña hace décadas. La gente los conocía y les pagaba a voluntad por estacionar dentro del estacionamiento del boliche.
Lo de ahora es algo completamente distinto. Son bandas que se han apropiado del espacio público. No es lo mismo la extorsión que el trabajo.

