El uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores se ha convertido en una práctica cada vez más común entre jóvenes, adolescentes e incluso niños.
Por Dr. Daniel Cassola
Estos dispositivos permiten inhalar un líquido que se calienta para producir vapor, a menudo con una alta concentración de nicotina y otras sustancias tóxicas. Aunque muchos consideran que vapear es menos perjudicial que fumar cigarrillos tradicionales, los expertos advierten que el vapeo puede ser igualmente o incluso más dañino para la salud.
Los vapeadores están disponibles en una amplia variedad de modelos, desde desechables y recargables hasta aquellos que funcionan con batería. Han evolucionado considerablemente desde su invención y se han convertido en un «accesorio» popular en reuniones sociales. Los líquidos utilizados en estos dispositivos vienen en diversos sabores, como fruta, menta, vainilla y tropical, lo que contribuye a su atractivo. El aroma suave y agradable del vapor permite que en muchas reuniones en espacios cerrados se permita el vapeo, a diferencia del olor persistente de los cigarrillos convencionales.
Según una encuesta realizada por la Fundación Interamericana del Corazón en Buenos Aires, el 69% de los adolescentes accede a un vapeador porque alguien se lo ofrece, el 14% lo recibe como regalo, el 6% lo compra por internet y el 4% en kioscos. Estos datos destacan cómo el vapeo se consume principalmente en ámbitos sociales, reforzando la percepción de que es una actividad aceptable y de moda entre los jóvenes.
A pesar de la popularidad del vapeo, los estudios clínicos indican que estos productos no ayudan a dejar de fumar. En realidad, lo que suele ocurrir es un consumo dual, donde los usuarios utilizan tanto vapeadores como cigarrillos tradicionales simultáneamente. Mario Bedosti, coordinador del área de incidencia de Fundación Interamericana del Corazón en Buenos Aires, explicó que esta tendencia podría tener graves implicaciones para la salud pública.
El año pasado, la Organización Mundial de la Salud instó a los Estados a tomar medidas frente a la creciente popularidad del vapeo entre los jóvenes, subrayando la necesidad de un control más riguroso sobre el uso y la comercialización de estos productos.
En Argentina, desde 2011 está prohibida la importación, distribución, comercialización y publicidad de cigarrillos electrónicos y dispositivos similares que utilicen cartuchos con nicotina. Sin embargo, la implementación efectiva de estas normas ha sido un desafío. Aunque la venta está prohibida para todo el público, es fundamental un control más estricto sobre la venta a menores de 18 años debido a la presencia de nicotina en estos productos.
Datos del Ministerio de Salud revelan que en Argentina mueren anualmente 45.000 personas por el consumo de tabaco, lo que representa el 14% del total de fallecimientos a nivel nacional. Además, el costo médico directo anual asociado al tabaco supera los $196 mil millones, según cifras de 2020. Bedosti concluye que el vapeo es una moda que enciende las alarmas de la salud pública, destacando la urgencia de abordar este fenómeno y sus implicaciones para la salud de los jóvenes.









