Aunque suele asociarse casi automáticamente al consumo de carne mal cocida, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es una enfermedad mucho más compleja y extendida de lo que la mayoría de la población cree.
Por Dr. Daniel Cassola
En Argentina, donde se registra la mayor incidencia mundial en niños, el SUH continúa siendo una amenaza silenciosa que reaparece con fuerza cada verano, especialmente entre los menores de cinco años. Especialistas advierten que la falta de información y de hábitos adecuados de higiene sigue siendo uno de los principales factores de riesgo.
Marcelo Da Rocha, presidente de la Asociación Civil LUSU, remarcó que el foco exclusivo puesto históricamente en la carne vacuna resulta insuficiente. Si bien la carne picada representa un riesgo elevado, los vegetales y el agua contaminada son también vehículos frecuentes de contagio. La bacteria Escherichia coli, responsable indirecta del SUH, puede encontrarse en la superficie de frutas, verduras y utensilios de cocina, y solo se elimina con una correcta cocción que supere los 70 grados. En ese sentido, Da Rocha fue contundente al advertir sobre el consumo de hamburguesas jugosas o de color rosado, donde la cocción incompleta favorece la supervivencia del patógeno.
El SUH no se produce por la bacteria en sí, sino por la toxina Shiga que esta libera y que puede provocar daños severos en órganos vitales como riñones, corazón, páncreas y cerebro. En Argentina, esta enfermedad explica alrededor del 20% de los trasplantes renales pediátricos, una cifra alarmante que refleja la gravedad de sus secuelas. Da Rocha también puso el acento en prácticas cotidianas subestimadas, como el lavado de manos, recordando que el alcohol en gel no reemplaza al agua y al jabón, y alertó sobre el consumo de alimentos sin controles sanitarios, como ensaladas listas para comer o productos caseros sin rotulación.
La pediatra e infectóloga Valeria Blumetti coincidió en que el SUH continúa siendo una enfermedad subestimada, pese a su impacto. Según explicó, entre octubre y mayo se concentra hasta el 90% de los casos, debido a que las altas temperaturas favorecen la proliferación de Escherichia coli en alimentos y ambientes contaminados. El riesgo no se limita a la cocina: el agua de piletas, ríos y natatorios también puede convertirse en una vía de exposición si no es segura.
Blumetti subrayó que la carne picada es especialmente peligrosa porque, a diferencia de los cortes enteros, las bacterias de la superficie se mezclan en todo el producto durante el procesamiento. Sin embargo, insistió en que frutas y verduras mal lavadas representan un reservorio igualmente riesgoso. El lavado correcto de manos, el uso de agua potable y la prevención de la contaminación cruzada dentro del hogar siguen siendo las herramientas más eficaces para cortar la cadena de transmisión, incluso por encima de otras estrategias preventivas.
Los primeros síntomas del SUH suelen manifestarse con diarrea, muchas veces con sangre, acompañada de decaimiento, dolor abdominal y palidez. La ausencia de un tratamiento específico convierte al diagnóstico temprano en un factor clave para mejorar el pronóstico. En ese contexto, Blumetti destacó un avance alentador: un estudio multicéntrico en fase III que podría derivar en el primer medicamento capaz de bloquear la toxina Shiga antes de que dañe órganos vitales.
Argentina es un país endémico para el SUH. A diferencia de otras regiones donde los casos aparecen como brotes aislados, aquí la enfermedad está presente todo el año. Por eso, los especialistas coinciden en un mensaje claro: la prevención comienza en la información, en la cocina y en los hábitos diarios, especialmente cuando el calor vuelve a multiplicar los riesgos.









