Durante años, las adicciones fueron asociadas principalmente a la juventud. Sin embargo, esa imagen quedó desactualizada. Cada vez más personas llegan a tratamiento después de los 40 años, tras una larga historia de consumo que suele combinar distintas sustancias y convivir con problemas de salud mental, dificultades laborales y situaciones de vulnerabilidad social.
Por Dr. Daniel Cassola
En ese escenario, la cocaína gana terreno como una de las principales drogas que motivan la búsqueda de ayuda, mientras que los especialistas advierten sobre la necesidad de abordar las adicciones de manera integral.
Aunque el fenómeno se observa en distintos países, también encuentra correlato en Argentina, donde el consumo de cocaína continúa representando uno de los principales desafíos para las políticas de salud pública. Los expertos señalan que la mayor disponibilidad de la sustancia, la persistencia de factores sociales como la pobreza y la exclusión, y la demora en el acceso a tratamientos especializados contribuyen a un problema cada vez más complejo.
Un informe elaborado por Proyecto Hombre, una de las principales organizaciones dedicadas al tratamiento de adicciones en España, refleja esta transformación. El estudio, realizado sobre más de 4.300 personas atendidas durante 2025, muestra que la edad promedio de quienes inician tratamiento pasó de 38,1 años en 2016 a 40,7 años en la actualidad. La mayoría de los pacientes tiene entre 34 y 49 años y llega a los servicios especializados después de más de una década de consumo problemático.
Esta tendencia resulta relevante para Argentina, donde distintos especialistas vienen advirtiendo que las personas suelen consultar cuando la adicción ya produjo un importante deterioro físico, psicológico y social. En muchos casos, la dependencia permanece oculta durante años mientras la persona mantiene su actividad laboral o familiar, lo que retrasa la búsqueda de ayuda.
La cocaína aparece hoy como la principal sustancia asociada a los tratamientos. Según el informe español, el 42,7% de los pacientes consultó por consumo problemático de esta droga, desplazando progresivamente al alcohol como principal motivo de atención entre los hombres. Entre las mujeres, el alcohol continúa ocupando el primer lugar, aunque el consumo de cocaína también registra un crecimiento sostenido.
Los especialistas explican que el consumo actual rara vez se limita a una única sustancia. El denominado policonsumo constituye una de las principales características de los nuevos perfiles de pacientes. Alcohol, cocaína y cannabis suelen combinarse durante años, incrementando el riesgo de desarrollar dependencia, enfermedades cardiovasculares, trastornos psiquiátricos y deterioro cognitivo.
En Argentina, los equipos especializados coinciden en que el policonsumo dificulta tanto el diagnóstico como el tratamiento. A ello se suma que muchas personas presentan simultáneamente ansiedad, depresión u otros trastornos mentales que requieren un abordaje conjunto. La evidencia internacional muestra que tratar únicamente la adicción sin atender estos problemas reduce las posibilidades de recuperación.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la situación de las mujeres. Aunque representan una proporción menor de quienes llegan a tratamiento, presentan una carga mucho mayor de problemas de salud mental. Casi nueve de cada diez manifestaron haber sufrido ansiedad severa y cerca del 80% atravesó episodios de depresión. Además, cuatro de cada diez habían intentado suicidarse en algún momento de su vida.
Los investigadores atribuyen esta mayor vulnerabilidad a múltiples factores, entre ellos antecedentes de violencia física, psicológica o sexual, mayor precariedad económica y una elevada exposición a entornos familiares atravesados por el consumo de sustancias.
Otro dato relevante es el tiempo que transcurre antes de iniciar un tratamiento. El estudio muestra que quienes presentan dependencia del alcohol tardan, en promedio, más de 19 años en pedir ayuda, mientras que en los casos de cocaína el intervalo ronda los 14 años. Esa demora explica, en gran medida, el aumento de la edad promedio de los pacientes y la mayor complejidad clínica con la que llegan a los centros especializados.









