Alimentarse según la canasta básica deteriora la salud


Por Dr. Daniel Cassola

Es la conclusión a la que llegaron un grupo de científicos de Córdoba que realizaron el siguiente experimento: un puñado de ellos se alimentó con la canasta básica que mide el INDEC para separar la pobreza de la indigencia (4886 pesos al mes), otro con la de productos saludables del Ministerio de Salud y el último grupo continuó con su dieta habitual para poder realizar una comparación.

Los que siguieron la “dieta Indec” lograron que la plata les alcance para comprar la canasta básica de alimentos y no pasaron hambre. Pero para lograrlo debieron comprar sólo las opciones más baratas de cada góndola y dedicar una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo a cocinar y planificar cada día cómo racionarlos. Por otro lado, su salud resultó muy afectada.

De las tres personas que realizaron la prueba una bajó 6 kilos, otra 5 y la última 3. A la vez los análisis que se realizaron les resultaron con alzas en el colesterol, los triglicéridos y la azúcar en sangre mientras que bajaron el magnesio y la vitamina B12. También notaron que comenzaban a sufrir acidez.

Martín Maldonado, uno de los científicos, continuará con el experimento hasta marzo. Sus compañeras Claudia Albrecht y Florencia Demarchi, ambas nutricionistas, terminarán en este punto ya que están al borde de tener un peso demasiado bajo, que las pondría en riesgo de empezar a perder masa muscular o sufrir anemia y osteoporosis.

En contraste, los que se alimentaron de forma sana, mejoraron en todos los aspectos: también bajaron de peso, pero “se sienten muy bien”. Uno incluso dejó de roncar, contaron.

Según los científicos seguir la dieta de la canasta básica es también agotador desde el punto de vista mental. Todos los días hay que calcular, planificar y racionar al detalle para poder llegar a fin de mes. Se pierde, según comentan, todo lo placentero que está ligado al acto de comer.

Entre otras características la canasta provee menos de una fruta por día, prácticamente no hay legumbres, la leche es aguada, la carne es puro hueso y grasa y las porciones de pollo también son de las peores: alitas y la carcasa.

La conclusión a la que llegaron en este punto los investigadores es que la dieta de la canasta básica sacia el hambre pero hace mal. En Argentina, según los datos oficiales, hay más de 3 millones de indigentes que deben sobrevivir con una alimentación parecida a la que sufrió este grupo de científicos.

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