Baja notificación y falta de drogas para los tratamientos

FUENTE: La Nación

Aunque aclara que la detección de los casos de sífilis en el país es sumamente imprecisa, Adriana Durán, directora de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires calcula que “el aumento promedio es de un 10% en el país. Si bien estos cambios pueden deberse a una mayor notificación en el sistema de vigilancia de laboratorio, la percepción en los equipos de salud es que hay un crecimiento real, que estaría vinculado con un menor uso de preservativo en las relaciones sexuales”.

Datos de la OPS indican que América latina y el Caribe son las regiones con mayor tasa de sífilis del mundo. Concentran tres millones de los 12 millones de nuevas infecciones que ocurren por año. En el país, se calcula que nacen anualmente hasta 1000 bebes con sífilis congénita.

Pero los números podrían ser incluso peores, porque hay notorias deficiencias en el registro de casos. Según José Barletta, infectólogo del hospital Fernández, “la tuberculosis es una enfermedad de denuncia obligatoria (se exige para poder recibir la medicación), pero en sífilis, que es más fácil de tratar, hay mucho subregistro”.

Para Barletta, “lo más alarmante es la sífilis congénita, que aumentó mucho estos últimos años, lo que habla del mal control de los embarazos”.

Durán subraya que hay que “fortalecer las estrategias preventivas gestionando la distribución gratuita de preservativos y promoviendo su uso a través de campañas que generen demanda en la comunidad. Es importante difundir que el uso de preservativo es la única forma eficaz de prevenir la transmisión no solo de la sífilis, sino también del VIH y del virus zika”.

Otro problema que enfrentan los médicos es la falta de medicación para la tuberculosis. Domingo Palmero confirma que faltan drogas desde hace más de un año. “Se emplea una poliquimioterapia y, aunque carezcamos de algunas, igual tratamos, pero no es lo ideal -explica-. Faltan las dosis fijas (que reúnen varios fármacos en una sola pastilla) y medicamentos de segunda línea.”

Según afirma Durán, “la producción pública de estos medicamentos es clave, ya que son drogas de bajo costo y por lo tanto poco atractivas para la industria farmacéutica”. Para esto, la provincia está trabajando en un proyecto junto con la Unidad de Producción de Medicamentos de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Instituto Biológico del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires y el Ministerio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Además, se firmó un acuerdo por el cual la Productora Zonal de Medicamentos de Río Negro proveerá al Estado nacional 4.229.200 dosis de estos fármacos.

Para curar la tuberculosis, se administran generalmente cuatro antibióticos durante los primeros dos meses y dos en los siguientes cuatro. Hace algunas semanas, la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) envió una carta al ministro de Salud de la Nación, Jorge Lemus, para expresar su preocupación y advertir sobre las graves consecuencias de la interrupción del tratamiento. El Instituto de Tisioneumonología Raúl F. Vaccarezza, de la UBA, por su parte, indicó que desde principios de 2016 recibe consultas por falta de pirazinamida, luego rifampicina e isoniazida, y ahora los inyectables estreptomicina, kanamicina y amikacina.

Sin embargo, subraya Fernando Rubinstein: “La enfermedad no se va a controlar sólo con antibióticos. Hay que hacer algo con los determinantes sociales”.

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