Bronquiolitis y sarampión, una combinación que puede ser fatal

Por Dr. Daniel Cassola

El Hospital Garrahan lanzó una advertencia en torno al reciente caso de sarampión registrado en la Ciudad de Buenos Aires en una beba de 8 meses que no tenía antecedente de viaje. A través del Servicio de Epidemiología e Infectología, las autoridades del hospital aseguraron que la situación puede ser grave, sobre todo teniendo en cuenta el brote de bronquiolitis que se espera para este invierno.

«La situación epidemiológica con el sarampión puede ser grave. Y más grave aun considerando la epidemia de bronquiolitis que se avecina», aseguró el presidente del Garrahan, Carlos Kambourian, y destacó que «en pocos días terminaremos una reestructuración del Hospital que sumará espacio y unidades de internación para estar preparados ante estas epidemias que pueden afectar a nuestros chicos».

La bronquiolitis se produce, mayormente, cuando las temperaturas disminuyen, aunque hay casos todo el año. Por lo general en invierno se la considera epidémica.

La bronquiolitis es la causa más importante de infección en el tracto respiratorio inferior en bebés menores de un año en todo el mundo. Los niños que sufren bronquiolitis tienen una mayor predisposición a sibilancias recurrentes, anormalidades en la función pulmonar e hiperreactividad de las vías aéreas inferiores. Se puede tener bronquiolitis más de una vez, aunque en general las reinfecciones son menos agresivas.

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es la causa más frecuente de bronquiolitis. Esta enfermedad, que afecta las vías aéreas inferiores o bronquiolos, ataca en especial a los más pequeños, y es la causa más frecuente de internación en chicos menores de un año. Desde abril hasta septiembre son los meses de mayor circulación viral.

Además de las consideraciones generales preventivas, es necesario prestar atención a los principales síntomas y tener en cuenta que cuánto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas.

  • Mucosidad nasal.
  • Tos, catarro.
  • Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos.
  • Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias).
  • El niño se agita fácilmente.
  • Hundimiento de las costillas al respirar.
  • Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño.
  • Piel azulada o muy pálida.
  • Fiebre con temperatura mayor a 38°C.

Como no existe una vacuna que evite el contagio, y para prevenir cuanto sea posible la trasmisión del virus, los especialistas recomienda llevar adelante una serie de hábitos que permitirán cuidar al bebé. Entre los mismos se destacan:

  • Cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.
  • Concurrir a los controles rutinarios con el médico.
  • Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros) y evitar el hacinamiento.
  • Impulsar y mantener la lactancia materna.
  • Cuidar la higiene; mantener las manos limpias de quienes están en contacto con el menor. Especialmente el contacto con los hermanos.

Se considera grupo de riesgo a los bebés nacidos prematuramente de bajo peso, o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo. También forman parte del grupo considerado más vulnerable los niños con cardiopatías congénitas. En todos los lactantes pequeños pero en especial en los de alto riesgo, deben efectuarse recomendaciones e prevención de las infecciones respiratorias. Estas incluyen la promoción de la lactancia materna, evitar el humo en la habitación, el lavado de manos sistemático antes de tocar al niño, evitar en lo posible contacto con niños de edad escolar en época invernal.

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