Calcio, vitamina D y hábitos saludables: los desafíos de la nutrición infantil en Argentina

Las nuevas guías alimentarias presentadas en Estados Unidos reavivaron el debate sobre la calidad de la alimentación y sus impactos en la salud a largo plazo. Con un mensaje claro —priorizar alimentos reales y limitar los ultraprocesados—, el documento también pone en evidencia desafíos que trascienden fronteras y que en Argentina adquieren una dimensión particular, especialmente en la infancia.

Por Dr. Daniel Cassola

Los datos disponibles muestran un escenario preocupante: 7 de cada 10 niños en el país no alcanzan la ingesta diaria recomendada de calcio y más del 90% presenta déficit de vitamina D. Estas carencias, clave para el desarrollo óseo y el funcionamiento del organismo, reflejan un problema estructural en los hábitos alimentarios que requiere atención.

Las nuevas recomendaciones internacionales refuerzan la importancia de adoptar un patrón alimentario basado en la calidad nutricional, la diversidad y la incorporación de alimentos frescos. Si bien cada país adapta sus guías a su contexto cultural y social, los principios generales coinciden en varios aspectos fundamentales.

Uno de los ejes principales es el consumo adecuado de proteínas. Las guías destacan la necesidad de incluir diariamente alimentos ricos en este nutriente, tanto de origen animal como vegetal. Carnes, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos y semillas son esenciales para el crecimiento, el desarrollo muscular y el funcionamiento cognitivo, especialmente durante la infancia.

Otro punto central es la revalorización de los lácteos, recomendados en tres porciones diarias. Estos alimentos aportan proteínas de alto valor biológico, calcio y otros micronutrientes clave. Sin embargo, en Argentina el consumo se encuentra por debajo de lo recomendado: una gran parte de la población no alcanza estas cantidades, lo que contribuye directamente a los déficits nutricionales detectados en niños y adolescentes.

El documento también introduce con mayor énfasis el rol de la salud intestinal y la microbiota. En este sentido, los alimentos fermentados —como el yogur— ganan protagonismo por su aporte de microorganismos beneficiosos, asociados a una mejor respuesta inmunológica y a la prevención de enfermedades crónicas.

En cuanto a frutas y verduras, las recomendaciones coinciden con las vigentes en Argentina: consumir al menos cinco porciones diarias. No obstante, especialistas señalan que existe una oportunidad para mejorar la diversidad en la dieta, aprovechando la amplia disponibilidad de productos frescos en distintas regiones del país.

Las grasas también forman parte de las recomendaciones, aunque con matices. Se promueve el consumo de grasas de buena calidad nutricional, como las presentes en aceites vegetales, frutos secos, semillas, pescado y palta, mientras que se sugiere limitar el consumo de grasas saturadas y productos ultraprocesados.

En este contexto, el principal desafío no es solo conocer qué alimentos son recomendables, sino cómo incorporarlos de manera sostenida en la vida cotidiana. Factores como el acceso a alimentos, los hábitos culturales, la educación nutricional y las condiciones socioeconómicas influyen directamente en las elecciones alimentarias.

Especialistas en nutrición infantil destacan que mejorar la alimentación requiere un enfoque integral que combine educación, políticas públicas y acciones concretas para facilitar el acceso a alimentos saludables.

Repensar las recomendaciones alimentarias desde la evidencia científica y adaptarlas a la realidad local aparece como un paso necesario. En un escenario donde los déficits nutricionales persisten, especialmente en la infancia, promover una alimentación equilibrada, variada y basada en alimentos de calidad es clave para mejorar la salud presente y futura de la población.

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