Crisis, una palabra temida
Por Dr. Daniel Cassola
Cuando termine el Mundial y nuestra atención vuelva a posarse de lleno sobre los problemas cotidianos deberemos pensar muy seriamente si estamos o no ante el comienzo de una crisis.
Como todos ustedes saben, si nos referimos a economía la salud no escapa a las generales de la ley.
Desde distintos sectores de la producción se viene alertando sobre la reducción del consumo, y cómo este fenómeno afecta tanto a la producción como a la comercialización. Se compra menos, por ende se vende menos y se fabrica menos.
Con las particularidades de un sector tan especial como lo es el de la salud, los problemas, desde hace rato, que se están sintiendo fuerte. Como siempre ocurre, los eslabones más débiles de la cadena son los que más sienten los impactos.
Tal es el caso, por ejemplo, de las farmacias. Según comentan en el Colegio bonaerense, los atrasos en los pagos de las obras sociales, principalmente el PAMI, tornan muy difícil la situación actual de los farmacéuticos.
Los profesionales de la salud en general se ven entrampados en una situación de difícil solución. Tomemos ahora como caso a los odontólogos. Por un lado, deben afrontar un mayor precio en los insumos, sobre todo en los que tengan algún componente importado. Por otro lado, el atraso de las obras sociales, que no solo se manifiesta en la regularidad de los pagos sino en los valores arancelarios.
Ante esta disyuntiva, el profesional tiene dos opciones. O afronta los costos de los materiales importados a costa de su rentabilidad, que ya de por sí suele ser exigua, o baja la calidad de la prestación. No hay más opciones.
El mismo camino es transitado por lo médicos en general. Según los colegios que los agrupan, la crisis provoca
que haya menos profesionales que puedan perfeccionarse y continuar su formación, tanto en el país como en el exterior.
Nuevamente, lo que está en jaque es la calidad de la atención. La medicina avanza constantemente, y para poder
seguir ese tren se requiere capacitación e insumos.
Posibles soluciones hay muchas, pero ninguna puede llevarse a cabo sin decisión política y la participación del Estado. Si una fábrica automotriz que suspende trabajadores es considerada como una situación grave, la disminución de la calidad de la atención de la salud debe estar, al menos, en el mismo nivel de preocupación.
Pero claro, para afrontar cualquier problema, al menos en medicina, lo que se requiere es un diagnóstico. Para ello, no debemos sentir vergüenza ni pudor si utilizamos la palabra crisis para describir lo que sucede en la salud.

