Cuando la política lleva a la locura

nuevas_autoridades_260120161

Alberto Díaz Legaspe, director del Hospital Posadas.

Por Dr. Daniel Cassola

El director del Hospital Posadas de Haedo, Alberto Díaz Legaspe confirmó que una silla de ruedas fue incrustada en el resonador magnético del centro de salud, el único disponible para decenas de miles de vecinos de la zona oeste del Conurbano.

“No tengo la menor duda de que fue un acto deliberado. La gente que manejaba el resonador ese día (el domingo pasado) es veterana. Cualquiera que se ha hecho una resonancia sabe que no puede entrar con metales, ni siquiera un anillo. Hay un cartel en la puerta que lo advierte. La silla de ruedas tiene que estar a menos de un metro del resonador para ser absorbida y nadie la paró ni la sacó”, declaró Díaz Legaspe.

Además el funcionario recordó que hace unos días se descompusieron todos los ascensores del hospital al mismo tiempo, al igual que los aires acondicionados de las oficinas de los directores y el sistema de refrigeración de las vacunas.

“Este hospital ha sido muy usado para la política, para los intereses personales, cuando lo único que se debiera tener interés en atender a la gente, porque al Hospital Posadas entran 3 mil personas por día para recibir atención médica”, consideró Legaspe.

Además se informó que el resonador había sido arreglado hace poco tiempo y que ahora hay 30 resonancias por día que no se sabe dónde se podrán realizar hasta que se repare nuevamente el equipo.

En declaraciones públicas Díaz Legaspe no lo dijo explícitamente pero dejé entrever que los atentados contra los equipos e insumos del hospital podrían tener un trasfondo político. En la nueva gestión se dispuso un plan de recorte de contratados por la gestión anterior que respondía al referente de Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella.

Entonces, la rotura del resonador, los ascensores y el sistema de refrigeración de las vacunas están siendo interpretados como una represalia por la denuncia de los contratos de trabajo.

Si esto fuera cierto estamos, indudablemente, ante un acto de locura. Por más que la defensa de los puestos de trabajo puede ser legítima, perjudicar a la población que necesita del hospital público para atender su salud es simplemente brutal.

Hay 3000 personas que todos los días concurren al Posadas para atenderse. La falta de insumos y la imposibilidad de brindar tratamientos son además, frecuentemente, disparadores de hechos de violencia que sufren los trabajadores y profesionales de la salud.

Si lo que denuncian en el Posadas es cierto, una vez más la política nos llevó a la locura.

.

También te puede interesar...