Por Dr. Daniel Cassola
A comienzos de la semana comentamos la seguidilla de hechos policiales que parecen no tener fin. Hablamos del hombre que arrojaron desde un puente, del camarógrafo asesinado y del colectivero muerto en un intento de robo. A esta lista deberíamos agregar al policía fusilado en Flores el martes a la noche, y al adulto mayor que mataron en Carapachay para robarle el celular.
Sin embargo, hoy el objetivo es centrarnos en lo que sucede periódicamente en los hospitales públicos. Los centros de atención médica, por la función que cumplen, son de acceso público. Por lo tanto, es esperable que cuenten con personal de seguridad suficiente. Al atender urgencias es complicado limitar el acceso a las guardias. Para ello también se necesitaría más personal administrativo.
Cuando se produce un hecho de violencia en un hospital contra el personal de la salud se traspone todo límite de convivencia social. Algo de este estilo ocurrió el fin de semana pasado en el Hospital Evita Pueblo de Berazategui.
En la mañana del sábado ingresaron a la guardia un grupo de personas que acompañaban a un paciente que se encontraba en estado de ebriedad y, aparentemente, presentaba convulsiones. Según el relato de médicos y enfermeros, la escolta del paciente, compuesta por 4 personas también evidenciaba signos de consumo de alcohol o drogas.
Uno de ellos portaba dos revólveres, uno en cada mano, y los gatilló sobre una enfermera. Dicha enfermera le relató a un diario de la zona: «Entró un paciente en evidente estado de ebriedad, su hermano ingresa detrás de él, me arremete y apoya dos pistolas en mi cabeza. Me disparó pero no salió el tiro. Escuché el ruido del gatillo y le pedí a Dios por mi familia. Pensé que iban a hacer si a mí me pasaba algo. Nací de nuevo porque la bala no se disparó”.
Otros profesionales que se encontraban en la guardia sufrieron agresiones similares. Según confirmaron tanto los trabajadores como personal del Ministerio de Salud de la
provincia se va a reforzar la seguridad en el centro con cuatro efectivos de policía. Por lo que declaran algunos de los trabajadores estas medidas ya se han tomado pero no se mantienen en el tiempo. En otras palabras, luego de un incidente de este tipo, los policías están en el hospital durante tres o cuatro días y luego desaparecen.
Cuando se atenta contra la seguridad de los trabajadores de un hospital quienes lo hacen rompen cualquier tipo de código de convivencia, e incluso se perjudican a ellos mismos. Porque el día que necesiten atención médica van a tener que recurrir al hospital público.
Quizás por la droga o por el alcohol, o por la violencia que atraviesa a la sociedad, parecería que el límite, cada día, se corre un poco más.









