Cunitas de cartón: lo que afuera funciona a la perfección aquí es objeto de la corrupción y la ineficacia
Por Dr. Daniel Cassola
Proveer a todas las madres de un kit que incluía algunas prendas de vestir para el bebé y una cuna de cartón fue una de las políticas que Finlandia comenzó a implementar a fines de la década del 30 del siglo pasado. El país nórdico era uno de los más subdesarrollados de su región, pero con el tiempo y la constancia en las políticas logró alcanzar los primeros puestos en bienestar en todo el planeta. Hoy Finlandia tiene un índice de mortalidad infantil de 2 por 1000. En Argentina esa medición, según el último informe de Unicef (2015), es de 10,8.
¿Por qué las cunitas de cartón ayudan a mejorar el índice de mortalidad infantil? Primero hay que aclarar que no se trata solo de este artículo, sino de la provisión de una serie de elementos para que la vida, como dicen en Finlandia, “tenga un comienzo igualitario”. En segundo lugar en hogares de bajos ingresos la existencia de la cunita previene que el bebé duerma en el mismo lecho que sus padres, lo que evita una serie de potenciales accidentes. Además, junto con las prendas de ropa y las pequeñas sábanas, provee de refugio al recién nacido ante el frío.
El éxito de Finlandia no solo se explica por el kit para los bebés, sino porque este formó parte de un plan más grande que incluyó un eficaz servicio de atención de salud pre y post natal para las madres y sus hijos. La cunita es una pieza dentro de un sistema.
Ahora las cunitas de cartón son noticia porque llegaron a Estados Unidos. Una compañía, la Baby Box Company, llegó a un acuerdo para distribuir estos productos en la primera potencia mundial.
En Argentina las cunitas, y el Plan Qunita, tienen una historia trágica. Hace algunos años el gobierno de Cristina Kirchner impulsó la compra de kits para la primera infancia que incluían a las cunitas de cartón entre otros productos. En principio el Ministerio de Salud de la Nación había calculado que el costo por combo era de 4500 pesos. En ese momento la SIGEN (Sindicatura General de la Nación) había advertido que el precio debía ser menor: 4100 pesos.
Sin embargo, se licitó la compra de más de 100 mil de estos productos por 8 mil pesos cada conjunto. El sobreprecio devino en una causa judicial que lleva adelante el juez Claudio Bonadío y que tiene procesados a más de quince funcionarios (entre ellos el ex jefe de gabinete Aníbal Fernández y los ex ministros de Salud Daniel Gollán y Juan Manzur) y a otros tantos empresarios. Muchas de las compañías que participaron de la licitación fueron creadas ad hoc y no tenían ningún tipo de experiencia en la materia.
El plan fue derogado formalmente ya durante el gobierno de Mauricio Macri durante el año pasado y no fue remplazado por ningún otro. Las cunitas de cartón fueron secuestradas por la Justicia, lo que generó ya un costo de 10 millones de pesos por su almacenamiento. Según el gobierno nacional la Justicia no le permite repartirlas entre quienes las necesitan.
Lo que en Finlandia, y quizás próximamente en Estados Unidos, fue un eslabón dentro de una cadena para brindar mejor salud a la población aquí quedó envuelto en un entramado de sobreprecios, corrupción e ineficacia.
