El cáncer, una enfermedad caracterizada por la proliferación descontrolada de células anómalas, ha sido históricamente asociado al envejecimiento celular. Sin embargo, un estudio internacional revela que los diagnósticos de cáncer en adultos menores de 50 años han experimentado un preocupante aumento del 79% a nivel mundial desde 1990.
Por Dr. Daniel Cassola
En el año 2019, se reportaron 1,82 millones de nuevos casos en este grupo etario a nivel global, y se proyecta un aumento del 31% en la incidencia y un 21% en las muertes asociadas al cáncer para el año 2030. Este estudio, que abarcó 29 tipos de cáncer en 204 países y regiones, destaca la necesidad urgente de comprender y abordar este fenómeno en ascenso.
El cáncer de mama lidera tanto en nuevos casos como en muertes en el grupo de menores de 50 años, mientras que los cánceres de tráquea y próstata han mostrado incrementos anuales estimados del 2,28% y 2,23%, respectivamente. En contraste, el cáncer de hígado ha experimentado una disminución del 2,88% anual.
El estudio, basado en datos del Estudio de la Carga Mundial de Morbilidad 2019, resalta que las personas de alrededor de 40 años son especialmente vulnerables a este cambio en la expansión de las enfermedades oncológicas.
Los expertos señalan que, si bien el envejecimiento celular sigue siendo un factor de riesgo determinante, factores como estilos de vida sedentarios, exposición a la contaminación ambiental, mala alimentación y obesidad también contribuyen a este aumento. No obstante, estos factores no explican completamente la situación de pacientes jóvenes y aparentemente saludables.
El presidente de la Asociación Argentina de Oncología (AAOC), el Dr. Diego Kaen, destaca que el aumento en los diagnósticos en menores de 50 años es multifactorial. Entre las posibles razones se encuentran el estrés, la disminución de la actividad física y avances en métodos de diagnóstico más precisos y efectivos.
La Dra. Liliana Zamora, jefa de Oncología Ginecológica del Hospital Italiano de Buenos Aires, agrega que el aumento de enfermedades no transmisibles prevenibles con cambios en el estilo de vida también puede ser un factor. Controlar epidemias como la obesidad, el consumo de alcohol, la hipertensión y la diabetes es fundamental para la prevención del cáncer.
El aumento de diagnósticos en adultos jóvenes plantea la necesidad de repensar las estrategias de prevención, incluida la posibilidad de bajar la edad de los programas de detección precoz del cáncer. El ejercicio físico se destaca como una herramienta clave para la prevención, junto con una dieta saludable y la eliminación de hábitos dañinos como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.









