Lo advirtió la Academia Nacional de Medicina en una declaración sobre medicamentos cannabinoides y cannabis de grado medicinal.
Por Dr. Daniel Cassola
Actualmente, desde el estado se están alentando distintos proyectos de plantaciones de cannabis con el fin de desarrollar productos medicinales. En primer lugar, la Academia Nacional de Medicina define que en los medicamentos de origen botánico se hallan distintas combinaciones de principios activos con potenciales acciones biológicas, por lo que es fundamental conocer su composición química, demostrar su uniformidad bioquímica, su estabilidad, seguridad y eficacia por medio de estudios aleatorizados controlados contra placebo, preferentemente con diseño doble ciego.
Con respecto a la planta de cannabis, esta contiene más de 500 moléculas conocidas incluyendo más de 100 cannabinoides, más de 200 terpenoides (terpenos) y abundantes flavonoides. Los dos cannabinoides más importantes, el 9Δ-tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD) se hallan en concentraciones muy variables dependiendo de la cepa de cannabis considerada, lo cual es determinante para comprender los efectos biológicos del compuesto en estudio, ya que THC y CBD difieren farmacodinámica y farmacocinéticamente.
A su vez, los organismos regulatorios internacionales (EMA, FDA, NICE, NASEM) y fuentes internacionales integradas por grupos de investigadores independientes (Cochrane), sólo hallaron limitada utilidad para el empleo de cannabis de grado farmacológico para el tratamiento complementario (ad-on) de un escaso número de patologías, con la única excepción de algunos cuadros epilépticos severos de la infancia. Estos medicamentos se suman a los tratamientos preexistentes, sólo cuando un paciente no ha respondido a los tratamientos recomendados para estos trastornos.
Por ejemplo, el dronabinol, un análogo sintético del 9D-THC, están indicados para el tratamiento de las náuseas y vómitos asociados con la quimioterapia del cáncer y, con limitaciones, para estimular el apetito en pacientes con SIDA afectados por el síndrome de emaciación o debilitante (“wasting syndrome”). Ambos se administran por vía oral presentando un lento comienzo de acción.
Por otra parte, el nabiximols es un extracto alcohólico de cannabis compuesto por 9D-THC y CBD en una relación 1:1 que se administra como aerosol de absorción oral y está indicado para aliviar sintomáticamente el dolor neuropático y la espasticidad de la esclerosis múltiple y como analgésico complementario en el tratamiento de pacientes con cáncer.
Uno de los productos con cannabis más populares, el aceite concentrado de CBD, fue desarrollado como medicamento para las crisis epilépticas infantiles refractarias severas incluyendo el síndrome de Dravet, el síndrome de Lennox-Gastaut, el complejo de la esclerosis tuberosa y los espasmos infantiles.
La Academia Nacional de Medicina concluye que el estado actual del conocimiento sólo permite asegurar que la prescripción de cannabinoides de grado medicinal deberá limitarse a los síndromes en los que se ha hallado evidencia de eficacia terapéutica, debiendo seleccionarse cuidadosamente los preparados según la composición y la forma farmacéutica apropiada en cada caso.
Además, se desaconseja el uso de productos “caseros”, “artesanales” o de origen indeterminado ante la imposibilidad de establecer su composición química real y asegurar que se hallen libres de contaminantes potencialmente peligrosos para la salud. En todos los casos, es aconsejable que el manejo terapéutico de pacientes en quienes se requiera la prescripción de cannabinoides sea realizado por profesionales médicos expertos en la especialidad o área de incumbencia.









