Por Dr. Daniel Cassola
La cinematográfica detención de uno de los dueños de la feria La Salada, ubicada en Lomas de Zamora, producida en la madrugada de ayer puso de relieve nuevamente el mundo de lo que algunos llaman, de manera benevolente, como “economía alternativa”. Sin eufemismos, en estos casos lo alternativo suele ser sinónimo de ilegal.
Sobre Jorge Castillo, que anoche recibió a la policía a los tiros provocando heridas en el ojo de un oficial, pesan un sinnúmero de acusaciones. En La Salada, la feria que según las autoridades mueve unos 300 millones de pesos por día, se constataron y se están investigando una serie de ilícitos que concuerda con el armado de una red ilegal, una mafia.
En lo que concierne a la salud hay que sumar la denuncia que nuevamente por estas horas ha publicado el Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos. Dicen ellos que en La Salada se venden medicamentos sin autorización, sin farmacia habilitada y sin presencia de profesional farmacéutico. Hace años se viene denunciando, y según el sindicato no obtuvieron respuestas.
Según consta en el informe de los profesionales, en los puestos se ofrecen y venden a precio de remate, medicamentos con defectos de calidad, vencidos, inaptos para consumo humano. Los consumidores suelen sufrir problemas estomacales y dermatológicos tras su ingesta.
En la actualidad, el 13 por ciento de los medicamentos se vende fuera de la farmacia (kioscos, supermercados, restaurantes, boliches, gimnasios e Internet), incluso después de la ley 26567/09 de venta exclusiva en farmacia. El 11% de los medicamentos son ilegítimos (falsificados, truchos, robados, etc.).
Según sostiene el titular del sindicato Marcelo Peretta, el circuito de venta trucho se alimenta del delito. En Argentina, se roba un camión con medicamentos y se vacía una farmacia por semana (esos medicamentos reingresan al sistema). Constituyen el 6% del total.
Un medicamento que entra en este circuito se considera como falsificado. Deliberadamente puede hacerse pasar por otro. Fuera del circuito legal y al perder la trazabilidad (o sea el camino que recorre el producto hasta las manos del que lo consume) el medicamento puede ser adulterado, por lo que deja de ser seguro.









