Día de la Niñez en Argentina: una situación preocupante

La niñez en Argentina enfrenta una crisis que, aunque persistente durante años, ha sido exacerbada por la crisis económica y social de los últimos cinco años. Esta situación ha dejado al descubierto las profundas inequidades que afectan a los sectores más vulnerables, especialmente a los niños y adolescentes.

Por Dr. Daniel Cassola

El agravamiento de la pobreza, la emergencia alimentaria, las brechas educativas y los desafíos en salud son solo algunos de los problemas que evidencian la falta de atención hacia los derechos de la infancia en el país.

La pobreza infantil en Argentina ha alcanzado niveles alarmantes. En el tercer trimestre de 2023, se estimó que el 55% de los niños y adolescentes (NNyA) vivían en situación de pobreza, con algunas jurisdicciones superando el 80%. La indigencia afectaba al 15,7% de esta población, y se prevé que estas cifras continúen en aumento para 2024. Ser pobre en Argentina implica ser invisible, y ser un niño pobre, aún más. Las carencias materiales afectan su acceso a derechos básicos como la salud, la educación y la vivienda, condenándolos a una vida de desigualdades desde temprana edad.

Desde 2002, Argentina enfrenta una emergencia alimentaria que golpea con particular dureza a la niñez y la adolescencia. Actualmente, el 64,5% de los NNyA sufren de inseguridad alimentaria, una cifra que ha ido en aumento desde 2004. La desnutrición y la falta de acceso a una alimentación adecuada tienen consecuencias devastadoras en el crecimiento, desarrollo y salud integral de los niños. Esta situación es inadmisible en un país que se ha comprometido a erradicar el hambre como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030.

La pobreza no solo limita el acceso a la alimentación y la salud, sino que también afecta gravemente la educación de los NNyA. A pesar de que la mayoría de los niños de entre 6 y 17 años asisten a escuelas estatales, los que provienen de los estratos sociales más bajos tienen muchas menos probabilidades de acceder a una educación de calidad. La deserción escolar, el bajo rendimiento académico y la sobre-edad son más comunes en estos niños, perpetuando un ciclo de pobreza y exclusión que es difícil de romper.

La situación sanitaria de los niños en Argentina también es preocupante. A pesar de una lenta recuperación pospandemia, las tasas de vacunación en lactantes siguen siendo bajas, con un porcentaje inferior al 80%, muy por debajo del 95% necesario para alcanzar una cobertura universal. Además, 112,000 niños menores de 5 años no han recibido ninguna vacuna, lo que los expone a enfermedades prevenibles y aumenta el riesgo de brotes epidémicos.

La adolescencia en Argentina está marcada por riesgos significativos como el consumo de alcohol y drogas, la violencia urbana y el embarazo adolescente. El consumo problemático de sustancias ha aumentado desde 2010, y la violencia relacionada con el narcotráfico afecta al 61,1% de los NNyA que viven en barrios marginales. Además, el 70,8% de los embarazos en adolescentes entre 15 y 19 años no son intencionales, lo que a menudo resulta en deserción escolar y perpetúa las desigualdades sociales.

Las emergencias de salud mental entre los niños y adolescentes están en aumento, con el suicidio siendo la principal causa externa de muerte en adolescentes de entre 15 y 19 años en 2020. Las condiciones socioeconómicas adversas, la falta de acceso a servicios de salud mental y el estigma asociado a estas enfermedades agravan esta crisis. Es esencial abogar por un entorno positivo y apoyar la inversión en salud mental pediátrica.

La situación de la niñez en Argentina requiere de una respuesta urgente y coordinada. La pobreza, la inseguridad alimentaria, las brechas educativas y los desafíos en salud y seguridad son problemas que deben ser abordados con políticas públicas efectivas y sostenibles. La niñez y la adolescencia deben estar en la agenda nacional, no solo en el marco del Día de las Infancias, sino como una prioridad constante. No actuar ahora perpetuará ciclos intergeneracionales de pobreza y exclusión que han afectado a nuestros niños durante décadas. El momento de cambiar esta realidad es ahora.

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