Día del Corazón: Preocupante aumento de las enfermedades cardíacas en América Latina

En las últimas tres décadas, el mundo ha sido testigo de un inquietante aumento en la incidencia de enfermedades cardíacas. Los datos son claros: las enfermedades cardíacas se han duplicado a nivel global en este período, con un alarmante incremento del 50 por ciento en el número de muertes relacionadas con estas patologías.

Por Dr. Daniel Cassola

América Latina no está exenta de esta tendencia preocupante. De hecho, las enfermedades cardíacas se han consolidado como la principal causa de fallecimiento y discapacidad en la región. Cada año, dos millones de personas pierden la vida debido a estas patologías en América Latina, lo que resalta la magnitud del problema.

Argentina, un país emblemático de la región, no es ajeno a esta problemática. Según el Ministerio de Salud de Argentina, las enfermedades cardíacas son la principal causa de mortalidad en la población. Dentro de esta categoría, una afección que ha venido ganando terreno es la fibrilación auricular (FA), especialmente entre los adultos mayores de cincuenta años.

La fibrilación auricular es una arritmia cardíaca en la que los latidos del corazón comienzan a generar pulsos irregulares al perder su ritmo normal de funcionamiento. Esta afección, que se vuelve más común con el avance de la edad, puede tener consecuencias graves para la salud, ya que puede promover la formación de coágulos sanguíneos y desencadenar accidentes cerebrovasculares y otros problemas cardíacos más graves. Además, se espera que en quince años, una quinta parte de la población padezca esta enfermedad, lo que presenta un desafío de salud significativo.

Según el Dr. Luis Sepúlveda, presidente de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (SOCHICAR), en América Latina, además de las cifras alarmantes de enfermedades cardíacas, existe una alta prevalencia de otros factores de riesgo, siendo la hipertensión arterial uno de los principales culpables. Sorprendentemente, el 43% de los hombres y el 28% de las mujeres en la región no son conscientes de que padecen esta afección.

Las enfermedades cardíacas más frecuentes y de alto riesgo de mortalidad en la región incluyen la estenosis aórtica, la insuficiencia cardíaca, el infarto agudo de miocardio y la fibrilación auricular, entre otras. Sin embargo, la buena noticia es que muchas de estas patologías pueden ser controladas mediante diagnóstico y tratamiento oportunos.

El Dr. Sepúlveda enfatizó la importancia de la innovación tecnológica en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Dispositivos médicos avanzados como marcapasos, stents e implantes valvulares ofrecen soluciones rápidas y seguras con procedimientos menos invasivos que reducen las posibilidades de complicaciones y el tiempo de recuperación posterior a las intervenciones quirúrgicas. Estos avances permiten restablecer la calidad de vida de los pacientes que antes enfrentaban un pronóstico sombrío.

En Argentina, el Dr. Juan Cruz López Diez, médico cardiólogo y director del Consejo de Electrofisiología de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), arrojó luz sobre la situación específica de la fibrilación auricular en el país. Advirtió que el riesgo de desarrollar esta arritmia aumenta significativamente con la edad y que se espera que el número de personas en el rango de edad de más de 50 años se duplique para 2040, representando el 22 por ciento de la población.

La última guía de la Sociedad Argentina de Cardiología subraya que la edad es el factor de riesgo más importante para la fibrilación auricular en Argentina y estima que una de cada cuatro personas mayores de 50 años desarrollará esta afección en algún momento de su vida. Es fundamental que los síntomas característicos, como palpitaciones y dificultad para respirar, sean evaluados y tratados para prevenir complicaciones graves.

El diagnóstico de la fibrilación auricular se logra mediante un electrocardiograma, una herramienta esencial para evaluar la actividad eléctrica del corazón. Los síntomas, que incluyen palpitaciones, latidos cardíacos irregulares, debilidad y dificultad para respirar, pueden llevar a la alteración de la función cardíaca y, por ende, aumentar el riesgo de formación de coágulos sanguíneos.

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