El consumo de tabaco es la principal causa de muerte prevenible en el mundo

Cada año, casi 6 millones de personas mueren debido al consumo de tabaco, una cifra que se espera que aumente a más de 8 millones de fallecimientos anuales para el año 2030 si no se toman medidas más intensas para contrarrestar este problema.

Por Dr. Daniel Cassola

Cuando una persona deja de fumar, se producen una serie de cambios positivos en el organismo que comienzan a manifestarse rápidamente. La presión arterial y el ritmo del pulso vuelven a la normalidad, y los niveles de monóxido de carbono en la sangre disminuyen.

Después de dos semanas a tres meses de dejar de fumar, la circulación mejora y la función pulmonar aumenta. A partir del primer mes, la tos y la dificultad para respirar disminuyen, y los pulmones y las vías respiratorias se vuelven más capaces de eliminar las mucosidades, lo que reduce el riesgo de infecciones.

Después de un año sin fumar, el riesgo de enfermedad cardíaca es la mitad en comparación con una persona que sigue consumiendo tabaco, y el riesgo de sufrir un ataque cardíaco se reduce considerablemente. A los cinco años de dejarlo, el riesgo de desarrollar cáncer de boca, garganta, esófago y vejiga se reduce a la mitad. El riesgo de cáncer cervical se reduce al mismo nivel que el de una persona no fumadora. Pasados de dos a cinco años sin fumar, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular se equipara al de una persona no fumadora.

Tras una década de haber dejado de fumar, los riesgos de cáncer de pulmón son aproximadamente la mitad en comparación con aquellos que aún fuman. A los quince años sin tabaco, el riesgo de enfermedad cardíaca coronaria es similar al de una persona que nunca ha fumado. Estos beneficios demuestran que dejar de fumar tiene innumerables ventajas para todos los aspectos de la salud.

Dejar de fumar reduce el riesgo de disfunción eréctil en los hombres y disminuye los problemas durante el embarazo, como el bajo peso al nacer, el parto prematuro, el aborto espontáneo y el labio leporino. Además, disminuye el riesgo de infertilidad causada por daño en los espermatozoides. Los bebés y los niños que conviven con personas que han dejado de fumar tienen un menor riesgo del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y, en caso de tener asma, será más fácil de controlar.

Dejar de fumar puede resultar difícil debido a la adicción que genera el tabaco, pero no se está solo en este desafío. Existen muchas maneras y recursos disponibles para ayudar a las personas a abandonar este hábito. Por este motivo es recomendable buscar apoyo y asesoramiento de profesionales especializados para aumentar las posibilidades de éxito.

Hablar con un especialista acerca de la terapia de reemplazo de nicotina y los medicamentos para dejar de fumar puede ser un gran paso en el camino hacia una vida libre de tabaco. Estas terapias pueden ayudar a reducir los síntomas de abstinencia y a controlar los antojos, lo que facilita el proceso de dejar de fumar.

Además, es fundamental aprovechar los programas y recursos disponibles para dejar de fumar. Existen programas comunitarios, líneas de ayuda telefónica y grupos de apoyo que brindan orientación, consejos y el respaldo necesario durante este proceso. Al unirse a estos programas, se aumentan significativamente las posibilidades de éxito.

Es importante destacar que dejar de fumar no solo beneficia la salud individual, sino que también tiene un impacto positivo en el entorno cercano. Al abandonar este hábito, se reduce el riesgo de enfermedades relacionadas con el tabaco en familiares y seres queridos.

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