Jubilado no debería ser sinónimo de pobre

Por Dr. Daniel Cassola

Ser jubilado en Argentina es, ante todo, un pésimo negocio. En la actualidad más de la mitad de los jubilados y pensionados dependen del haber mínimo que paga la ANSES, o sea 2.575 pesos. Un 20 por ciento de los jubilados cobra entre 2.600 y 4.800 pesos. Solo el 17 por ciento cobra más de 5000 pesos.

Ante este panorama, una de las banderas históricas del reclamo de los jubilados y pensionados argentinos es el 82 por ciento móvil. Al repetirse tanto una consigna quizás se pierda su significado. Por eso nos parece pertinente explicarlo.

El 82 por ciento móvil fue reglamentado en 1958 por el presidente Arturo Frondizi y establecía que: “el haber de la jubilación ordinaria será equivalente al 82 por ciento móvil, de la remuneración mensual asignada al cargo, oficio o función de que fuere titular el afiliado, a la fecha de la cesación en el servicio o al momento de serle otorgada la prestación, o bien al cargo, oficio o función de mayor jerarquía que hubiese desempeñado”.

En otras palabras, la jubilación consistía en el cobro del 82 por ciento del sueldo de mayor jerarquía que el trabajador había logrado. Es móvil porque se toma el valor de ese sueldo en la actualidad. Por ejemplo, según esta ley que luego fue derogada por los militares y nunca más puesta en práctica, un médico que llega a desempeñarse como jefe de un servicio cuando se jubila cobra el 82 por ciento de la paga que recibe ese jefe de servicio en la actualidad. Para las pensiones el porcentaje que se establecía era del 75 por ciento.

El sistema actual, luego de más de 15 aumentos, tiene la mínima en poco más de 2500 pesos. Esto es así porque los aumentos se comenzaron a dar sobre un valor bajísimo y, por otro lado, la inflación carcome el salario de todos, tanto activos como pasivos.

En el último año, según los aumentos de Anses, los jubilados percibieron un incremento del 25,7 por ciento de sus salarios. Seguramente la inflación en el mismo período haya sido mayor. En lo que va del año, la canasta básica ha aumentado un 13 por ciento, según datos de la organización Consumidores Libres. Y los medicamentos un 30 por ciento en el último año.

La discriminación y el maltrato hacia la tercera edad, evidentemente, también se manifiesta en la situación económica de los jubilados. Estamos hablando de alimentos y medicamentos, pero en la tercera edad el trabajador jubilado también tendría que tener garantizado su derecho a la cultura, el entretenimiento y las vacaciones.

Ir al cine, al teatro, incluso pagar un servicio de TV por cable o programar un viaje resulta imposible para los millones que viven con la mínima. Para quienes han trabajado durante toda una vida es una verdadera injusticia.

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