La “crisis humanitaria” que padecen los jubilados en Argentina

Según datos de la Defensoría de la Tercera Edad, un jubilado necesita al menos $1.200.523 mensuales para cubrir sus gastos básicos. Sin embargo, la jubilación mínima en marzo de 2024 fue de apenas $350.000, incluyendo un bono de $70.000, lo que evidencia una brecha insostenible entre ingresos y costos de vida.

Por Dr. Daniel Cassola

Ayer se vieron imágenes que en Argentina, cada tanto, vuelven. La marcha que distintos grupos de jubilados encabezan todos los miércoles se alteró, en primer lugar, por la convocatoria de hinchas o barras de fútbol. Después, las fuerzas de seguridad avanzaron sobre los manifestantes y convirtieron al Congreso en una zona de guerra. Algo similar a lo que había ocurrido en 2017 cuando el gobierno de Mauricio Macri impulsó una reforma en el sistema de jubilaciones.

Hoy, la discusión es otra. El foco está puesto en la represión, la participación de barras bravas, el comportamiento de algunos diputados en el recinto y otras cuestiones. Pero lo central, que es la situación de los jubilados, parece haber quedado de lado. Según la Defensoría de la Tercera Edad, en febrero de 2024 la canasta básica del jubilado alcanzó los $1.200.523, lo que representa un aumento del 75,2% en comparación con los $685.041 de un año atrás. Este relevamiento se realizó en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Mendoza, Córdoba y Rosario, donde reside la mayor parte de la población mayor.

Entre los principales rubros de gasto se destacan alimentación ($279.834, 23% del total), medicamentos ($260.245, 22% del total) y vivienda (contempla costos de mantenimiento, alquiler y estadías en pensiones). Por más que la inflación es menor que en otros tiempos, la pérdida de poder adquisitivo sigue agravándose, dejando a millones de jubilados en una situación de vulnerabilidad extrema.

Argentina cuenta con 7,4 millones de jubilados, lo que representa el 15,7% de la población total. El 63,5% de los jubilados cobra la jubilación mínima, que en marzo de 2024 se fijó en $279.121 (US$257), llegando a $349.121 con el bono. Este ingreso está por debajo de la línea de pobreza, que según cálculos privados, en el caso de los adultos mayores debería ser al menos el triple debido a los mayores costos en salud.

Según Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, esta crisis expone una dramática realidad: “Hace siete años que las jubilaciones en Argentina vienen perdiendo su poder adquisitivo ante la inflación. Hoy la jubilación es nada en términos de lo necesario para sostener una condición mínima de vida”.

El problema de las bajas jubilaciones no es nuevo, pero se ha agravado con el severo ajuste fiscal implementado por el Gobierno de Javier Milei a finales de 2023. El congelamiento del bono de refuerzo y la falta de actualización de las jubilaciones han dejado a los adultos mayores en una situación desesperante.

Según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), los jubilados que cobran la mínima han perdido ingresos equivalentes a cinco pensiones mínimas en solo 14 meses de Gobierno de Milei. “Dicho de otro modo: estas personas no cobraron realmente sus 14 meses correspondientes. Se les ha ‘sustraído’ cinco meses por asumir una política económica que no actualiza la jubilación mínima por inflación”, advierte el informe del CELAG. Semino coincide: “Con esta Administración, el superávit fiscal se paga con la calidad de vida y con la vida misma de los jubilados”.

Semino también alerta sobre el impacto en la salud de los jubilados: “El jubilado ya no consume los medicamentos conforme a lo que le receta su médico, sino de acuerdo a lo que tiene en el bolsillo. Baja las dosis o directamente deja de tomar los medicamentos. A ese extremo hemos llegado”.

Con ingresos insuficientes, muchos jubilados deben continuar trabajando. En Argentina, de los 9,4 millones de personas con empleo formal, 783.597 son mayores de 60 años. “La gente que llega a la edad en que puede jubilarse evita hacerlo. Un trabajador que se jubila pasa a cobrar la mitad de sus ingresos. Hay explotación laboral en la tercera edad porque muchos, por necesidad, aceptan cualquier puesto de baja calificación y en situación de informalidad”, concluye Semino.

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