La salud como política de Estado significa más vida

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Por Dr. Daniel Cassola

No es nuevo. Solemos decir que la salud, desde hace años, no está en las prioridades del Estado.

No es cuestión de este gobierno o del anterior. Quizás desde la época de Ramón Carrillo la salud ha ido perdiendo posiciones en la agenda gubernamental.

En muchas cuestiones que hacen a la realidad cotidiana falta el enfoque sanitario. La actividad económica, y particularmente la agropecuaria, no es una excepción. Hoy nos referimos a un reciente estudio publicado en la provincia de Córdoba, que demuestra la mayor mortalidad por cáncer de las poblaciones sometidas al contacto con los agrotóxicos.

Señalar estas cuestiones no es estar en contra del cultivo de soja, sino simplemente recordar que hay que hacer las evaluaciones sanitarias pertinentes para luego no tener que lamentar pérdidas humanas.

El trabajo, realizado por el Registro Provincial de Tumores y por la Dirección General de Estadísticas y Censos, demuestra que los casos de cáncer se multiplican en las zonas donde hay uso masivo de agrotóxicos.

Vayamos a los números para comprender el tema. Según la Organización Mundial de la Salud la mortalidad en Argentina por cáncer es de 115 casos cada 100 mil habitantes. En la zona donde el agro cordobés es más fuerte, denominada la “pampa gringa”, estos valores aumentan considerablemente.

En Marcos Juárez el indicador es de 229 casos cada cien mil habitantes, en Presidente Roque Sáenz Peña de 228, en Unión 216 y en San Justo 217. O sea, en esta zona hay casi el doble de casos oncológicos de lo que se produce a nivel nacional.

En paralelo, expertos de la Universidad Nacional de Río Cuarto llevan más de quince publicaciones que sostienen que las personas expuestas a agroquímicos padecen daño genético y son más propensas a sufrir cáncer. En Marcos Juárez en particular, se detectó glifosato en lagunas, suelos en incluso en agua de lluvia.

Por estos momentos, los activistas ambientales de la zona piden que se tomen medidas inmediatas para relocalizar a la población y controlar las fumigaciones. También comparan la situación actual con lo que pasaba en tiempos pasados con el cigarrillo. Las tabacaleras tardaron décadas en reconocer que el fumar es perjudicial para la salud.

Algo similar ocurre con los pesticidas que su utilizan para el cultivo de la soja. Las empresas que producen los insumos agropecuarios sostienen que éstos sin inocuos para el ser humano, aunque ya hay evidencia científica en contrario.

Hoy es la soja pero mañana puede ser la minería, el fracking u otro tipo de explotación económica. Lo que no debería faltar, de aquí en más, es el enfoque sanitario que evite muertes innecesarias.

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