Nepotismo, una triste tradición argentina

Delfina-Rossi

Delfina Rossi, hija del ex ministro Agustín Rossi, ejerció durante algunos meses como directora del Banco Nación.

Por Dr. Daniel Cassola

La palabra nepotismo proviene del italiano nepote, que quiere decir sobrino. En la edad moderna el Papa, máxima autoridad de la Iglesia Católica, designaba en el cargo de nepote (una suerte de asesor privado) generalmente a uno de sus sobrinos. De allí proviene la asociación entre un cargo y el parentesco.

El nepotismo, entonces, es la preferencia que tienen los funcionarios públicos para dar empleo a familiares y amigos, sin importar el mérito para ejercer el cargo. El concepto de nepotismo se opone al de meritocracia.

En las últimas horas nos hemos anoticiado de lo que quizás sea un nuevo récord en la materia, ya que el flamante intendente de la localidad de Caucete, provincia de San Juan, nombró en la administración pública a seis de sus familiares más directos.

Se trata de Julián Gil, peronista que supo militar en el Frente Para la Victoria (FPV) y que ahora es aliado del massismo. Gil nombró a su esposa como secretaria de Acción Social, a una de sus hermanas como asesora legal y a otros dos de sus hermanos como encargado del área de ganadería y jefe de Compras respectivamente.

Pero lo más llamativo es que le otorgó el cargo de secretario de Deportes a su hijo de solo 18 años mientras que a su hija de 19 la nombró como secretaria de Coordinación. Insólitamente Gil justificó la designación de su vástago por televisión al decir que “tiene experiencia porque practicó muchos deportes de chico y en la actualidad juega la vóley”.

La predilección por los familiares no solo se da en las esferas más pequeñas del Estado, sino también en las áreas más encumbradas. El año pasado la Corte Suprema nombró a la hija de la jueza Elena Highton de Nolasco, de nombre Elena Nolasco, como secretaria de Relaciones de Consumo del máximo tribunal.

Además el juez Luis Herrera, un paladín en la defensa del derecho de los jubilados, denunció a dos colegas suyos de la Cámara de Seguridad Social, por nombrar a sus hijos en distintos cargos de la corte en la que ellos imparten justicia.

Hay y hubo infinidad de casos similares. Esta práctica no solo daña la imagen del funcionario que la practica sino que también desvaloriza el empleo público, y hasta puede ser considerado como corrupción.

Si la Argentina quiere mejorar su calidad institucional, el nepotismo es una práctica que debe quedar atrás.

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