No hay razón para desconfiar de las vacunas

Por Dr. Daniel Cassola

En las últimas horas trascendió un proyecto de ley presentado por la diputada nacional de Unión PRO Paula Urroz para que “las personas que sean pasibles de vacunación obligatoria u opcional y quienes sean responsables por la vacuna que reciba un menor a su cargo deberán recibir previamente una información fehaciente acerca de los riesgos que la inoculación de la vacuna en cuestión implica, posibilitando la aceptación o no aceptación de ese acto médico”.

Es de esperar que el proyecto no prospere. Muchos años de trabajo se han invertido para conseguir un plan nacional de vacunación que hoy nos libra de enfermedades que son y deberían quedarse en el pasado. Además, como ya hemos dicho en otras oportunidades la vacunación no es solo un derecho sino también una obligación. Las enfermedades se erradican cuando prácticamente el 100 por ciento de los habitantes están vacunados.

Por otra parte, las vacunas llevan años de desarrollo, ciencia y experimentación. No llegan a los planes que impulsan los estados porque sí, sino porque se ha probado su eficiencia y seguridad. Antes de las vacunas la poliomelitis era una enfermedad común. Hoy los jóvenes, por suerte, no saben de qué se trata.

Según expresó al respecto el infectólogo Daniel Stamboulian, los efectos adversos de las vacunas “son en un su mayoría leves y se informan periódicamente” en los boletines correspondientes del Ministerio de Salud. El único efecto que puede tener una campaña como la que propone el proyecto de la diputada Urroz es que menos gente se vacune.

En los casos en los que la vacunación merma o se deja de utilizar las enfermedades reaparecen. En Estados Unidos, ante el surgimiento de movimientos anti vacunas, lo único que se ha logrado es un brote de 20 mil casos de sarampión durante 2016, cuando el último caso se había dado en 2002. En Venezuela, ante la crisis que atraviesa la salud pública, la falta de vacunación provocó un rebrote de difteria.

Lo único que puede generar una baja en la tasa de vacunación es que volvamos a hablar de la polio, el tétano, la difteria y la viruela, entre otras patologías. Los agentes que provocan estas enfermedades siguen entre nosotros. Si un niño no está vacunado lo convertimos en un probable vector o transmisor de los mismos, además de que él mismo se puede enfermar. No vacunarse es riesgoso tanto para uno mismo como para los que nos rodean.

No hay ninguna necesidad de aplicar nada de lo que propone Urroz. Lo único que hay que hacer es seguir fomentando la vacunación para que cada vez más personas puedan estar protegidas.

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