No respetar las normas, una tradición argentina

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Por Dr. Daniel Cassola

Según una encuesta realizada por la Universidad Siglo 21, el 92 por ciento de los consultados admitió que no cumple con alguna norma de tránsito, entre las que se cuentan no usar el teléfono mientras se maneja, respetar los semáforos, detenerse ante la señal de pare y circular acorde a las velocidades permitidas.

Casi la misma cantidad de gente reafirmó que volvería a cometer esas infracciones por cuestiones de seguridad, por apuro o aseguró que atenderían el teléfono si consideran que la llamada o el mensaje son importantes.

Cuatro de cada diez conductores admiten haber cruzado un semáforo en rojo en los últimos 90 días, lo cual es un factor que incrementa las posibilidades de un accidente. Además el 62 por ciento admite que excede los límites de velocidad, el 52 por ciento habla por teléfono mientras maneja y el 78 por ciento no se detiene ante los carteles de pare.

Gabriel Escanés, investigador y director del proyecto Rol del Conductor y Cumplimiento de las Normas de Tránsito dentro de la Universidad Siglo 21, plantea que “es probable que la legitimidad de cada norma, el sistema de control del Estado y la percepción del riesgo de los conductores al momento de infringir la ley, entre otros aspectos, influyan en el nivel de apego o desapego de las normas”.

Vale destacar que solo el 10 por ciento de los que cruzaron un semáforo en rojo fueron multados, al igual que los que utilizan el celular. Quienes infringieron los límites de velocidad sí fueron más castigados, aunque solo en el 25 por ciento de los casos.

Cualquiera de estas infracciones puede ser el comienzo de un accidente serio. En Argentina las víctimas fatales por tránsito se mantienen relativamente estables desde 1990. En cada año los muertos en las calles, avenidas o rutas argentinas se mantienen entre 7000 y 8500. Mientras que en el mismo período en otros países las víctimas han disminuido, por ejemplo un 80 por ciento en España y en un 20 por ciento en Estados Unidos, según informa la Asociación Civil Luchemos por la Vida.

El cambio seguramente es mucho más difícil que solo imponer un sistema de castigos más duros. Las multas vienen una vez que la infracción está cometida, su efecto preventivo quizás sea nulo. El respeto por las reglas de convivencia es una cuestión cultural. Deberíamos aprender que al hablar por teléfono al manejar, al exceder los límites de velocidad o no respetar los semáforos no solo nos estamos poniendo en riegos a nosotros mismos, sino que también podemos afectar a los demás.

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