Que no se lleve lo suyo Que no se lleve lo suyo

Fuente:Chacra

Sentan cierta disponibilidad de flora apta para la apicultura son cada vez menores y de mala calidad. Por esta razón, actualmente se podría estimar un promedio de 15 kg de miel por colmena. Doble motivo entonces para controlar una enfermedad como la varroasis. Producida por un acaro que ataca a las colmenas, su presencia contribuye a reducir aún más la producción de miel. Su acción sobre la colonia de abejas es tan nociva que provoca debilitamiento y desequilibrio, y llega en muchos casos a causarles la muerte.

Los signos clínicos se empiezan a manifestar cuando la población de parásitos se incrementa mucho por fallas en el manejo, por medio de las lesiones que provoca en las abejas adultas: deformación de alas y patas, abejas de menor tamaño, reducción de la vida media, disminución de su capacidad de vuelo y de libación. Esta enfermedad genera trastornos nerviosos que afectan la orientación de las abejas, que finalmente mueren sin posibilidad de regresar a sus colonias. También perjudica a las crías de las abejas al parasitarias durante su desarrollo en las celdas de cría, lo cual origina secuelas irreversibles y en muchos casos la muerte en la etapa de pupa.

Si bien el ácaro está presente todo el año, el período crítico ocurre cuando termina la temporada (fines del verano o primeros días de otoño). En ese momento la población de estos arácnidos alcanza su máxima expresión ya que tuvieron disponibilidad de celdas con crías de abejas para su reproducción durante los 5 o 6 meses anteriores. Esta situación se ve agravada por la reducción de la población de abejas que se inicia justamente en ese momento con la finalidad de prepararse para la invernada. «Es decir que tenemos cada vez más ácaros y menos abejas -continuó el especialista- Para su multiplicación, la varroa requiere la presencia de celdas de cría de abejas con larvas en su interior. Dentro de esas celdas, una vez operculadas (cerradas por las propias abejas), el ácaro lleva a cabo su fase reproductiva. Entonces, cuando la colonia de abejas expande su nido de cría (en primavera, al inicio de la temporada productiva), los parásitos comienzan a reproducirse y a incrementar su población. La varroa se

queda con buena parte de las chances de obtener una producción de miel acorde con

sus esfuerzos. Monitoreo y uso de productos específicos para mantenerla

a raya. ¡stóricamente el

promedio de H producción de miel por colme

na en la Argentina fue de 25 kg, pero en los últimos años esta marca se redujo severamente en virtud de que el avance de la frontera agrícola reemplazó pasturas de leguminosas, montes y campos silvestres. Según datos del Senasa, las áreas que aún pre-

Daños

Mariano Bacci, coordinador del programa Enfermedades de las Abejas, del Senasa, señaló a Vida rural que «el ácaro está presente en algún momento en todas las colmenas del planeta. En la estrategia de control recomendada, lo 110 Vida rural

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que importa es cuantificar la población e impedir que se desarrolle demasiado».

Apicultura MANEJO

La Pampa Húmeda contiene casi el 90% de la población de abejas del país, y si no se aplican los tratamientos acaricidas con los productos correspondientes y en el momento adecuado, las colonias no podrían sobrepasar el invierno. Este ácaro se alimenta de la hemolinfa de las abejas, y una vez que su población crece y disminuye la de las abejas, en muy pocos días puede provocar la muerte de casi todo un apiario. ciones de productos acaricidas en tres momentos clave de esta etapa del ciclo: ? Antes de aplicar el acaricida, para conocer qué porcentaje de varroa hay en las colmenas y obtener así un diagnóstico de la situa- ? Entre 7 y 10 días después de la aplicación, para comprobar la efectividad del producto utilizado. ? Al finalizar el período recomendado en el marbete del producto, para verificar la eficacia del acaricida.

Es fundamental que los tres muestreos se realicen sobre las mismas colmenas. Para ello se aconseja identificar la cámara de cría y el frasco correspondiente con la misma marca. Si en todas las muestras se obtienen infestaciones menores al 1%, se considera que el tratamiento aplicado fue efectivo. En el caso de que los niveles sean superiores al 1%, se debe consultar a un asesor técnico de confianza.

Respecto a los tratamientos recomendados, Bacci señaló que «se utilizan acaricidas elaborados con productos químicos de síntesis como el amitraz, piretroides (fluvalinato, flumetrina) y coumaphos, o productos orgánicos como aceites esenciales (principalmente timol) y ácidos orgánicos (fórmico, oxálico). Estas aplicaciones deben estar acompañadas por el monitoreo sistemático de la población de ácaros y el trazado de curvas de crecimiento de las abejas para decidir en qué momento y con qué producto reduciremos la carga parasitaria».

Según el grado de afección, y con el tratamiento adecuado, algunas colonias pueden recuperarse completamente. Si al finalizar el otoño nos encontramos con colonias que fueron curadas y no contienen parásitos, pero fueron tratadas tardíamente y están integradas por abejas que durante su desarrollo sufrieron la acción del parásito, vivirán menos tiempo.

«En cambio, una colonia que contiene una gran cantidad de parásitos en primavera, puede recuperarse con la aplicación de los tratamientos correspondientes y el recambio de abejas que la componen -advierte el técnico-. Eso sí, no debemos pensar en la resolución de una situación extrema sino en concentrar los esfuerzos en un manejo adecuado que permita minimizar los daños del ectoparásito».

Además, no se pueden prevenir futuras apariciones, porque este ácaro es una plaga hiperenaémica, que siempre estará presente afectando a todos los estadios de la especie hospedadora. Por eso la estrategia de control debe evitar el crecimiento de las poblaciones de ácaros y no dejar que alcancen una cantidad de individuos tal que provoque daños. Ello demanda monitorear los apiarios y aplicar tratamientos acaricidas con productos veterinarios autorizados por el Senasa para su uso en abejas, en el momento correspondiente. fjEste acaro puede provocar la muerte de todo un apiario si no se lo controla. © La

varroa requiere la presencia de celdas de cría de abejas con larvas en su interior. t)La idea es evitar que la población del acaro alcance niveles que se tornen peligrosos para la colmena. ción inicial.

Plan de combate

Lo mejor es combinar la realización de muestreos con aplica

iwmmmíxn Mediante la prueba del frasco se puede evaluar el nivel de infestación, información crucial para estimar el éxito de la estrategia de control. Se debe realizar antes, durante y después de aplicar un acaricida, y en momentos clave del ciclo productivo. Con más de 60 colmenas en el apiario, tomar muestras en el 10% de las mismas; si la cantidad es menor a 60, obtener 6 muestras como mínimo. Cada muestra estará constituida aproximadamente por 300 abejas, pertenecientes a 3 cuadros con cría. Recuerde que no se deben muestrear las colmenas ubicadas en los extremos del apiario, las zanganeras, ni las huérfanas. Agitar la muestra en un tamiz durante 5 minutos, y realizar el canteo de las abejas y los ácaros retenidos. Calcular el nivel porcentual de infestación en abejas adultas de la siguiente manera: ácoros/abejas x 100. El mayor porcentaje de infestación obtenido en el muestreo, será utilizado como valor de referencia para decidir las medidas a tomar en el apiario. Verónica Schere

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