La diversidad en la alimentación es un componente esencial de una dieta saludable. Cuanto mayor sea la variedad de alimentos consumidos, mejor será la capacidad de cubrir los requerimientos de nutrientes esenciales y, a la vez, se reduce el riesgo de consumir en exceso nutrientes críticos como el azúcar o el sodio.
Por Dr. Daniel Cassola
Un estudio reciente ha revelado que la dieta de los niños argentinos dista mucho de ser la recomendada. En niños de entre 4 y 12 años, solo un 31,5% de los alimentos ingeridos corresponde a aquellos de buena calidad nutricional, mientras que el 37% pertenece al grupo de baja calidad. Este desbalance nutricional explica que 6 de cada 10 niños presenten una alimentación poco diversa, monótona y con carencias de nutrientes esenciales.
El informe preliminar elaborado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) revela que más del 75% de los niños no alcanzan los requerimientos diarios de Vitamina D y calcio. Además, se ha detectado un déficit casi total de fibra (97%), así como deficiencias importantes en la ingesta de ácidos grasos omega 3 y hierro, especialmente en los primeros años de vida.
Uno de los métodos empleados por la FAO para medir la diversidad alimentaria agrupa los alimentos en 10 grupos y evalúa cuántos de estos grupos son consumidos por los individuos. En este estudio, solo un tercio de los niños supera el umbral de cinco grupos, indicador de una dieta variada, y únicamente el 14% combina seis o más grupos alimentarios. La mayoría de los niños argentinos consumen una dieta basada en una selección limitada de alimentos, con una alta prevalencia de productos de calidad media y baja, lo que impacta negativamente en su salud presente y futura.
Las principales deficiencias observadas en los niños incluyen la falta de vitamina D, calcio, fibra, y vitaminas A y C, entre otros nutrientes clave. Según la Dra. María Elena Torresani, directora de la Especialización en Nutrición en Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, esta situación es frecuente en países de ingresos medios y bajos. La falta de tiempo para la preparación de comidas en casa y las demandas laborales de los padres a menudo llevan a soluciones rápidas y poco nutritivas. Torresani subraya la importancia de abordar el problema de manera integral, en el hogar, la escuela y otros ámbitos que influyen en las conductas alimentarias.
Para mejorar la alimentación de los niños, es esencial seguir las recomendaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA). La Lic. Sandra Blasi, integrante del grupo de PROFENI, enfatiza la importancia de una alimentación completa, variada y equilibrada que incluya todos los grupos alimentarios. Esto incluye comenzar el día con un desayuno completo, preferir comidas caseras, incorporar frutas y verduras diariamente, elegir agua como bebida principal y moderar el consumo de sal y alimentos grasos.
Un aspecto clave para contrarrestar el déficit de calcio y vitamina D es el consumo de las tres porciones diarias de lácteos recomendadas, que además aportan proteínas de alta calidad y otros nutrientes esenciales. El yogur, en particular, es un alimento fermentado que ofrece beneficios adicionales para la microbiota intestinal y el sistema inmunológico, especialmente si contiene probióticos.
El estudio de CEPEA destaca que la alimentación de los niños argentinos se basa en un número reducido de alimentos, con la leche, el huevo y el pollo entre los más consumidos en el grupo de buena calidad. En el grupo de calidad media, se encuentran productos como pan, fideos y yogur endulzado, mientras que el grupo de baja calidad incluye productos ultraprocesados como gaseosas, galletitas y hamburguesas comerciales.
Tras analizar los datos, los expertos de PROFENI identificaron cinco áreas clave para mejorar la dieta infantil:
- Resignificar el consumo de alimentos de origen vegetal como legumbres, granos integrales, hortalizas y frutas.
- Priorizar fuentes proteicas como legumbres, yogur, leche y huevo.
- Asegurar el consumo recomendado de lácteos, en especial el yogur por sus beneficios fermentados.
- Reducir el consumo excesivo de azúcar, especialmente en infusiones, bebidas azucaradas y productos de repostería.
- Moderar el consumo de alimentos feculentos y carnes, destacando el elevado consumo de carne de pollo y vacuna.
La implementación de políticas nutricionales que fomenten una mayor diversidad y calidad en la alimentación es fundamental para mejorar la salud y el bienestar de los niños en Argentina.









