Reportan un aumento de los trastornos funcionales en niños y adolescentes durante la pandemia

Algunas de las causas listadas por los especialistas son un incremento de los miedos y las angustias, potenciados por posibles situaciones de duelo familiar o pérdida de trabajo. El estrés puede provocar manifestaciones como dolor abdominal, en los miembros inferiores, en el tórax o cefaleas.

Por Dr. Daniel Cassola

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) lanzó un alerta ayer sobre el aumento de los trastornos funcionales en los niños, niñas y adolescentes a causa del aislamiento motivado por la pandemia. Los especialistas listaron que el dolor abdominal recurrente, las cefaleas, el dolor en miembros inferiores y en la zona del tórax son algunas de las manifestaciones que, sin tener un origen orgánico específico, aparecen y desaparecen como respuesta del organismo ante situaciones crónicas de estrés.

“Cuando las situaciones de estrés no pueden ser verbalizadas suelen expresarse con síntomas como dolor, sin una lesión orgánica demostrable. A esto se le llama ‘síntomas funcionales’. Cuando son intensos y afectan la actividad diaria (como comer, dormir, jugar o aprender) se convierten en trastornos y suelen motivar la consulta médica. Algunas familias presentan una mayor tendencia a tener síntomas funcionales”, explicó Juan Pablo Mouesca, médico pediatra, psiquiatra infanto-juvenil, miembro de la SAP.

“En los niños, niñas y adolescentes, se observan las llamadas quejas somáticas o síntomas funcionales, que es la forma en que el cuerpo expresa lo que se siente. Los chicos tienen inmadurez de su aparato psíquico, están en etapa de continuo desarrollo y viven cotidianamente exigencias, retos y necesidades. Ante situaciones de stress utilizan sus recursos para afrontarlas, siempre apoyados en el sostén de sus figuras de apego y es importante la contención de los padres y pediatras y que estén atentos y puedan observar esas manifestaciones y ofrecer apoyo para resolverlas”, añadió Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia, también miembro de la SAP.

En una guía, elaborada por la Secretaria de Niñez Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, se afirma que tanto el “Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio” (ASPO) como el “Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio” (DISPO), provocó cambios profundos en la vida cotidiana, como la pérdida de rutinas, la escolaridad presencial, la restricción de los encuentros más un ambiente en el que los adultos pueden estar recargados de preocupaciones.

“La incertidumbre, los problemas económicos, el desempleo, la enfermedad por Covid-19, el duelo por fallecidos, la falta de contacto físico con familiares y amigos y el trabajo dentro de la casa son factores que afectan a todo el grupo familiar”, agregó Marta Chorny, médica pediatra, miembro del Comité de Medicina Ambulatoria de la SAP. Por otra parte, la propia pandemia limita los recursos para la atención de estos cuadros: los centros de atención de la salud y los hospitales se acondicionaron y ponen el foco en la atención de los contagios por Covid-19 en detrimento de la atención general mientras que los centros de atención de salud mental no atienden en forma presencial o lo hacen de manera espaciada y, a la vez, son pocos los lugares de atención psicológica. En otras palabras, hay más factores estresantes, pero menos lugares adonde esa demanda pueda ser escuchada y atendida adecuadamente.

Según afirmó Rut Vanesa Mariñas, médica pediatra del Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA) de la SAP, “es necesario que estas afecciones sean tratadas, los adolescentes que padecen dolores inespecíficos crónicos como cefaleas frecuentes, dolores en todo el cuerpo, gastrointestinales, en las articulaciones, entre otros, asociados o no a algún trastorno psicológico (como depresión, ansiedad, angustia, hipocondría) deben consultar al médico de adolescentes y ser abordados por un equipo interdisciplinario, el que tomará en cuenta la salud integral del paciente en sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales; solo así se puede dar respuesta a este tipo de patologías”.

En lo que todos los especialistas consultados coinciden es en que, más allá de que en la mayoría de las ocasiones se desconoce la causa que origina el trastorno funcional, lo cierto es que los chicos sufren y ven alterado el desarrollo de sus rutinas diarias. El dolor no es inventado, lo sienten. Y los dolores se presentan en un amplio espectro: desde leves, universales y transitorios, hasta graves, raros e incapacitantes. Sin embargo, aconsejan a los padres no caer en el error de atribuir cualquier tipo de dolor a estos trastornos, sino consultar al pediatra, quien determinará si es algo puramente funcional o si requiere la realización de estudios para descartar otras condiciones médicas.

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