Fuente: Bariloche 2000
Hipertensión arterial, diabetes del adulto, trastornos del colesterol, obesidad, stress, sedentarismo y tabaquismo… los factores de riesgo más importantes para la arteriosclerosis, estado común que puede, entre otras, producir infartos cerebrales o cardíacos. Columna del Dr. Santiago Durán, especial para B2000.
Las enfermedades crónicas con daño circulatorio más frecuentes como la hipertensión arterial, la diabetes del adulto y los trastornos del colesterol causan, en los adultos occidentales, la gran mayoría de muertes e invalidez.
Durante varios años, antes de que produzcan síntomas, estos trastornos permanecen latentes o en nuestra jerga «silentes».
Pueden comenzar con síntomas mínimos o con un evento devastador así como la temible muerte súbita que es más frecuente de lo que imaginamos.
Estas tres condiciones junto a la obesidad, el stress, el sedentarismo y el tabaquismo constituyen los factores de riesgo más importantes para la arterioesclerosis, estado común que puede, entre otras, producir infartos cerebrales o cardíacos.
Hay otro importante número de factores de riesgo conocidos y por conocer que juegan un rol aún no determinado. Algunos de estos factores son «independientes», es decir que basta solo con tenerlos para aumentar el riesgo de un evento agudo.
Solo la mitad de los pacientes con infarto cardíaco por ejemplo tienen el colesterol elevado y en muchos no encontramos ningún factor predisponente.
Esto es explicado por el «genio» que posee la enfermedad arterioesclerótica donde cada paciente tiene su perfil y sus riesgos interactuando de una manera irrepetible.
A los fines prácticos y para entender esta maraña de datos, podemos aseverar, que es mucho más lo que se desconoce que lo que se sabe a ciencia cierta.
Estas tres enfermedades mencionadas aparecen y se van agravando con los años por mutaciones genéticas implicadas en el metabolismo de las azúcares y grasas y en la regulación de la función y anatomía de las arterias.
Con los años progresan y se requieren aumentos y cambios de drogas para controlarlas.
Un paciente con arterioesclerosis y sus factores de riesgo sin control es candidato a tener su primer evento en poco tiempo. Esto significa que tiene más riesgo que aquel que no los tiene, pero en medicina, nos basamos en estadísticas y es aquí donde todo adquiere relatividad y no podemos hablar con certezas.
Cuando le decimos a un paciente que tiene un riesgo aumentado y que debe controlarse no le podemos decir «el año que viene se infarta».
La mujer, a partir de la menopausia, iguala su riesgo al del hombre por lo que este mensaje es para «todos y todas».
Cuando analizamos una estadística hablamos de porcentaje de riesgo estimado a tantos años, es decir, usted puede tener un 10, 20 o 30% de riesgo de sufrir un ataque cada tantos años. Esto no implica que le vaya a ocurrir como tampoco significa que si controla todos sus factores baje a cero el riesgo.
Si lo comparamos a conducir sería más o menos así: «si usted maneja tras beber alcohol, sin cinturón de seguridad, de noche y a alta velocidad, el riesgo de lastimarse o lastimar a alguien es muy alto. Si usted es hipertenso, obeso, diabético y no está medicado o no está bien controlado, tarde o temprano, seguramente tendrá un accidente vascular».
El primer accidente vascular puede ser leve y no dejarle ninguna secuela, en este caso habrá tenido un aviso y mucha suerte. Pero, en muchos casos, podrá requerir una internación prolongada, llena de sufrimientos, gastos y complicaciones para usted y sus seres queridos.
No olvidemos que un enfermo, de alguna manera, suele enfermar a todo sus vínculos.
En el peor de los casos, un infarto masivo cardíaco o cerebral , una ruptura de una arteria cerebral o una arritmia maligna terminará con su vida sin ninguna posibilidad de rescate. Peor aún, un grave infarto cerebral lo podrá dejar postrado de por vida en una cama o con un corazón severamente limitado solo apto para mínimas actividades.
La gravedad de este desenlace dependerá del tamaño y la ubicación de un coágulo dentro de su corazón o cerebro, su resistencia, el tiempo que tarde en ser asistido, la distancia hasta el lugar que posea la infraestructura adecuada donde pueda ser rescatado y otros factores no menores como si está solo y tiene alguna cobertura médica .
Lo que la medicina primaria busca entonces es minimizar los riesgos y mejorar nuestra estadística.
Para el caso de la hipertensión, la diabetes del adulto y los trastornos del colesterol, muchos años antes de estos eventos hay pequeñas alteraciones que se pueden ir corrigiendo y prolongando una vida libre de síntomas. Para eso está la consulta periódica con su médico de cabecera.
Este colega le explicará que no es lo mismo tener 110 de presión arterial máxima que 130 , no es lo mismo tener 80 de glucemia que 98 y tampoco es lo mismo tener 140 que 190 de colesterol aunque no parezcan cifras alarmantes.
Renegar o desistir de los eventuales remedios preventivos que solemos indicar al detectar estos «cambios» es un auto boicot.
Tarde o temprano , su vida será amenazada por un evento vascular.
Si usted tiene la suerte de tener 60 años, aún no ha tenido su primer evento y desconoce sus factores de riesgo, piense que está manejando de noche, rápido, sin cinturón y con algunas copas encima. Puede llegar a su casa como NO.
Por Dr. Santiago Durán









