Tests y vacunas, aliados contra hepatitis virales

Es fundamental que los profesionales de la salud y el público en general estén atentos y tomen las precauciones necesarias.

Cada año millones de personas en el mundo mueren o sufren daños permanentes por esta enfermedad. A nivel global el grupo de virus que la causan (A, B, C, D y E) provoca alrededor de 1,4 millones de muertes y un número aún más elevado de infecciones hepáticas crónicas: 240 millones de casos por la B y 150 millones por la C, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de la contundencia de estas cifras, es una patología en gran medida olvidada o desconocida. Es por eso que cada 28 de julio se organiza el Día Mundial contra la Hepatitis, cuya lema en 2014 insta: «Piénselo de nuevo ante este asesino silencioso».

Se lo llama así porque la mayoría de los pacientes no suele presentar síntomas; esto retrasa el tratamiento, con lo cual aumentan las complicaciones y la mortalidad. Muchas veces, el paciente llega al consultorio con la infección muy avanzada, y el único recurso terapéutico es el trasplante de hígado.

Lo bueno es que, en la lucha contra este padecimiento, contamos con efectivos aliados: la prevención por vacuna, en el caso de la A y la B, los tests de detección y las nuevas medicaciones. Es fundamental que los profesionales de la salud y el público en general estén atentos y tomen las precauciones necesarias.

Vacunas, un derecho

Desde enero de 2014, la vacuna contra la hepatitis B es gratuita y obligatoria en Argentina para los mayores de 20 años, ya que se incorporó al Calendario Nacional de Vacunación (los recién nacidos la reciben de manera universal desde 2000, y los niños de 11 años, desde 2003). Esto es una excelente noticia, ya que quien recibe esta inmunización se protege también contra las complicaciones, como cirrosis y cáncer de hígado. Además, en el país el tipo B es la primera causa de hepatitis fulminante en la población adulta y se transmite principalmente a través del contacto con sangre o con fluidos corporales, como semen o flujos vaginales de una persona infectada, aunque también puede adquirirse si se usan drogas endovenosas, se sufren heridas cortantes o por vía perinatal (de la madre al hijo durante el parto).

Con esta medida, cualquier ciudadano puede vacunarse gratuitamente en todos los hospitales y centros de atención sanitaria del ámbito público, mientras que en el sector privado se requiere una orden médica tiene un costo variable según la cobertura. Este año el Ministerio de Salud de la Nación puso a disposición 13 millones de dosis; sin embargo, para que esta herramienta de prevención sea realmente efectiva se necesita que todos los argentinos conozcan que tienen el derecho y el deber de exigir esta vacuna. Es clave también que los médicos, independientemente de su especialidad, aprovechen las oportunidades en sus consultas diarias para indicar la inmunización contra la B y la A, y el testeo de la C.

En relación con la hepatitis A, que se transmite por el consumo de agua y de alimentos contaminados con el virus, en el país hubo grandes progresos desde que en 2003 se introdujo la vacunación universal con una dosis al año de vida, que alcanzó altas tasas de cumplimiento: disminuyeron los casos en todas las edades y no se registran trasplantes por el tipo A desde 2007, según datos de la cartera sanitaria. Todavía es un desafío crear conciencia y aumentar la cobertura en los adultos, para quienes hay dos vacunas disponibles (A sola o combinada con la B). Se indican a viajeros que se dirigen a zonas de riesgo, usuarios de drogas ilegales inyectables, hombres que tienen sexo con otros hombres, pacientes con enfermedad hepática crónica o trastornos de coagulación, trabajadores de la salud y de la industria de alimentos, operarios que manejan aguas residuales, cuidadores, acompañantes y personal de guarderías o geriátricos.

La importancia del testeo

No hay vacuna contra el virus de la hepatitis C, la primera causa de trasplante hepático a nivel mundial, que se transmite principalmente por vía sanguínea, generalmente por uso compartido, reutilización o esterilización inadecuada de jeringas y agujas, o por accidente de bioseguridad en ámbitos hospitalarios. Si bien la infección por este tipo no siempre necesita tratamiento (en algunas personas la respuesta inmunitaria la elimina de modo espontáneo), en muchos casos sí requiere medicación. Los tratamientos están en permanente evolución, y se lograron enormes adelantos en los últimos años que hacen prever que, en un futuro no muy lejano, se pueda curar entre el 95% y el 100% de los casos.

La tasa de curación depende de distintos factores, pero siempre es conveniente que la detección sea temprana para evitar complicaciones, como la cirrosis o el cáncer hepático, e impedir la transmisión del virus a otros. Es importante que los profesionales de la salud recomienden el examen a toda la población por lo menos una vez en la vida, independientemente de los factores de riesgo clásicos, como por ejemplo los usuarios de drogas inyectables, receptores de productos sanguíneos o quienes tengan tatuajes o perforaciones ornamentales (piercings).

*Claudia Vujacich (MN 71308) es médica infectóloga e investigadora. Coordinadora del Departamento de Hepatitis Virales de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI, www.funcei.org.ar). Coordinadora de la Comisión de Hepatitis de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). Asesora del Programa Nacional de Hepatitis Virales del Ministerio de Salud de la Nación.

Fuente: Sin Mordaza

.

También te puede interesar...