Un instituto pionero de endocrinología atiende a 12.000 chicos por año

Un instituto pionero, que puede entrelazar la investigación básica con la clínica de los niños con trastornos del crecimiento y otros problemas endocrinológicos, atiende anualmente 12.000 chicos en el servicio de Endocrinología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, que preside Ignacio Bergadá, con 100 médicos e investigadores y más de 50 años de historia.

El endocrinólogo contó que, “si bien un alto porcentaje de las consultas está relacionado con trastornos del crecimiento, el servicio también se ocupa de los problemas de otras glándulas: tiroides, gónadas (testículo en el varón, ovario en las niñas), fallas del metabolismo fosfocálcico y chicos con bajas de azúcar”.

“Es un instituto pionero porque puede entrelazar la investigación básica con la clínica de niños con trastornos endocrinológicos”, dijo Bergadá en una entrevista con Télam en el Hospital Gutiérrez.

Unas 100 personas trabajan en el Centro de Investigaciones Endocrinológicas, unidad del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) creada en 1973 a través de un convenio con la actual Ciudad de Buenos Aires y la Fundación de Endocrinología Infantil, que tiene más de 50 años.

“Atendemos 12.000 chicos por año, un 15 ó 20 por ciento de los cuales tienen trastornos del crecimiento, y tenemos educación continua en la primera residencia de Endocrinología Pediátrica y en la carrera que depende de la Universidad de Buenos Aires”, con un centro de formación de profesionales al que concurren médicos de Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia y Uruguay, informó.

Bergadá indicó que, en una distribución estadística de las tablas de referencia, “cerca de un tres por ciento de todos los niños están por debajo del estándar mínimo del crecimiento”.

¿Hay un determinante que incida fuertemente? “La nutrición es un tema clave y se sabe que en Argentina no es tema menor”, definió.

“La desnutrición crónica afecta el crecimiento y esto se ve también en la mayoría de nuestra región: en Latinoamérica, los pueblos originarios tienen tallas más bajas porque han tenido desventajas sociales y nutricionales, y eso se tiene que abordar con estrategias de políticas de salud generales”, planteó.

Además del aspecto social del fenómeno, influyen otros puramente biológicos del individuo, que deben ser indagados por el médico para predecir cómo será afectado el futuro adulto.

“Hay chicos que tienen un tumor del sistema nervioso central llamado cránofaringeoma y localizado en general en la zona de la hipófisis (que también regula el crecimiento). Si no se detecta, el tumor crece y comienzan los problemas neurológicos”, mencionó.

El Gutiérrez fue el primer hospital en Latinoamérica que aplicó hormona de crecimiento de extracción humana, con el inconveniente de que la provisión de hormona era muy escasa, lo que obligaba a ingresar a los pacientes a una lista de espera; hasta que se logró la producción industrial a través de la biotecnología, en 1985.

El alerta a la familia se presenta cuando un nene, en comparación con un segundo hermanito, va quedando rezagado en tamaño; también en el inicio escolar, cuando un niño bajo, aunque sano, se ve confrontado en un aula y resulta sensiblemente menor; otro aspecto es que el niño no cambia el talle de calzado durante un año.

A la terapia clínica llegó recientemente un avances técnico que facilita la aplicación de hormona de crecimiento a los chicos, al reemplazar a la jeringa con un aplicador inyectable.

Se trata de una hormona líquida “estable en la condiciones de almacenamiento, que no tiene que reconstruirse -como antes se hacía con un polvito liofilizado- y es un avance técnico magnífico”, contó el médico.

“Al mismo tiempo, desarrollaron un aplicador inyectable que reemplazó a la jeringa, que es mucho más maleable para la familia en la aplicación diaria mientras el niño crece”.

La compañía de biotecnología argentina Biosidus fue la artífice de la mejora, que implicó además una formulación más económica.

Marcelo Criscuolo, director de Biosidus, relató a Télam que el tratamiento “en la mayoría de los casos es para niños y por varios años, así que el armado crea una tensión enorme en el niñito, y hay una angustia en tener que inyectar a tu hijo todos los días”.

Las grandes compañías internacionales avanzaron a una presentación en cartuchos, que se sirven en pen regulados por peso y en unidades diarias que determina el médico.

“Eran tecnologías que no estaban en Argentina y hacerlas afuera eran antieconómico. Finalmente, aparecieron formulaciones líquidas y desarrollamos una con un device (aplicador de dosis) europeo de muy buena marca, con materia prima de muy buena calidad”, estable por 24 meses de vida útil.

Al resolver “una formulación líquida de altísima pureza en un aplicador de los mejores, afortunadamente pudimos estar a la altura con la producción nacional, más económica”, concluyó.

FUENTE: TÉLAM

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